sábado, 1 de noviembre de 2008

El juego de Las Tinieblas

Foto de la noche de Halloween con los amigos :-)

“28, 29,30… ¡Voy!” Acabo de contar para poder pillar en el juego. Son las normas. Se supone que la gente ya está escondida. Las luces se encuentran apagadas. ‘Tinieblas’ se le llama a este juego, como el escondite, pero sin luz alguna. Llevo ya cinco minutos intentando encontrar a alguien escondido debajo de la cama, o detrás de las cortinas en medio de la oscuridad de la casa, pero nada. Eso sí, oigo las risillas de mis amigos, pero no logro descubrir de dónde provienen. Como acabamos de ver una película de miedo, súbitamente comienzo a recordar toda la trama. Esas miradas de niñas fantasmas pálidas, ensangrentadas, malévolas… Me estremezco, y sin poder evitarlo intento palpar algún interruptor en medio del pasillo, pero no encuentro ninguno. Tampoco quiero moverme demasiado, tengo miedo. Aterrorizada no estoy porque sé que esto es un juego y que, aunque no vea nada, mis amigos están escondidos por algún rincón de la casa. Sigo desplazándome lentamente con cuidado y con los brazos extendidos para no tropezar con nada. No puedo mantener los ojos abiertos porque tengo la sensación de que algo me observa y yo a él no lo puedo contemplar… Un ánima o algún psicópata que ha escapado del loquero días atrás.
De la oscuridad resurge aquello llamado el miedo; y del miedo, la incoherencia. Por ello, no paro de imaginar todo lo que podría sucederme en una noche como esta.
Oigo risas nerviosas de alguien, estoy a punto de pillar a Eze, porque reconocería sus carcajadas a distancia; pero me da miedo tocarle, por si acaso no es quien creo que es. Sin poderlo evitar y con el corazón acelerado, palpitándome descontroladamente, busco desesperada el interruptor de la luz. Lo tengo. ‘Clic’ las luces no se encienden. ‘Clac’ no, no va. ‘Clic-clac’ por favor esto no me está sucediendo a mí. ’ ‘Clic-Clac’ ‘Clic-clac’ ‘Clic-clac’ Estoy desesperada. A punto de darme un ataque de nervios. “Chicos esto no me gusta. ¿Quién está a mi lado? Por favor no me toques…” Sentía la presencia de alguien al lado mía porque oía su agitada respiración. “Esto no es gracioso, ¿quién ha apagado el contacto de las luces? ¡Oye, estoy hablando!” Estas cosas me pasan por hacerme la valiente. De repente, oigo un grito ahogado de lejos. Será del comedor. Corriendo, abro una de las persianas para ver si por lo menos la luz de la luna menguante ilumina un poco la penumbra de los pasillos. Veo sombras. No sé si mi imaginación me hace jugar malas pasadas o si éstas son reales. Pero sé que el grito no ha sido de broma, ha sonado espeluznante. “¿Laura?” alguien grita mi nombre, creo que es la voz de Cristina. “¡Laura!” Voy en su búsqueda, pero no puedo, el terror me paraliza. “¿Qué está pasando?” me sigue preguntando a voces para poder oírnos ya que estamos en diferentes habitaciones. “No lo sé…” El eco retumba por los pasillos. Se oyen pisadas. Hay algo más correteando por aquí a parte de mis amigos. Lo sé, lo noto. Bah, por Dios, no seas estúpida. ¿No ves que de eso se trata el juego, de esconderse y pillar a oscuras? Pero de nuevo me pregunto porqué no se podrá encender las luces. Me armo de valor, aquel que en un principio parecía que tenía, y comienzo a andar rápido hasta la cocina. “¿Andrea, Paula, Dani, alguien?” Pero no me contestan desde ahí. Me llaman desde otra habitación pidiéndome que encienda las luces., pero no puedo. Algo va mal.. Se escuchan pasos lentos por toda la casa y, además, se oye cómo alguien abre la puerta chirriante del cuarto de matrimonio. “¿Laura?” vuelve a preguntar uno de mis amigos. “¿Eres tú? Por favor, enciende las luces y dejemos de jugar, que me estoy acojonando” Pero desgraciadamente no soy yo. Intento contestarle, pero temo que esa cosa que acaba de entrar a aquel cuarto venga hasta mí. Minutos después- quizás segundos eternos- se vuelve a oír gritar a alguno de mis amigos. Esta vez no es seco y agudo, sino exasperante. Puedo sentir el dolor que emana aquella voz desesperada. Se oye el intento de escape de otro, pero, en vano, sufre la misma suerte que el primero. Rompo en llanto vivo entre el azaroso ambiente que estoy viviendo. Todavía creo que es irreal, pero no, no lo es. Las cosas suceden, y esta noche turbada es simplemente porque es la noche de Halloween, la llegada de los espectros, el alzamiento de los asesinos, el descubrimiento de los reflejos allí incrustados en el espejo del tocador y la instauración de la temerosa oscuridad. Sé que el juego ya ha terminado, ahora comienza Las Tinieblas de verdad. Intentaré encender de nuevo las luces pero…“¡¿Quién me ha tocado?!” Mi hilillo de voz no es apenas audible. Algo me acaricia el pelo, además, noto su aliento en mi cara. No me atrevo ni siquiera a extender los brazos para ver si de verdad hay algo. Pero es evidente… En unas milésimas de segundo, veo la muerte acechándome, y, en unas milésimas más la noto clavándose en mi vientre…

Laura Martínez

8 comentarios:

AdR dijo...

¿Ves? Eso pasa por celebrar una fiesta americana... yo paso, y más después de leer tu relato a lo Scary Movie...

Chulo (yo no, el relato) :)

Besos

AdR dijo...

Scary Movie era de coña ¿no? Quería decir Scream...

Belén dijo...

Madre mia, ultimamente leer tus post me dan un poco de miedo...:S

Besicos

David Carrascosa dijo...

Terroríficamente bello!!

Saludos, querida Lau!!

BORJA F. CAAMAÑO dijo...

Me comentabas hace poco que esperabas que continuase dándote pautas, consejos tal vez, para mejorar tus escritos. Creo que tengo poco que decir hoy, salvo que me ha gustado y que la tensión está bien contenida... aunque siempre se pueda mejorar. Y no lo digo con pedantería, sino con el convencimiento de que siempre debes pensar que algo es mejorable...

Sino mal vamos.

Un fuerte y cálido abrazo desde el Otro Lado.

coco dijo...

Querida, otro día me llamas y nos compramos una papelina de castañas. Que sólo dan miedo por el precio. Jorllll.

nestor dijo...

tu relato me hizo retroceder algunos añitos y recordar mis epocas de adolescente cuando soliamos jugar, en esta fecha, algo parecido pero menos tenebroso.

Tambien noches en que ibamos al cementerio del pueblo a hacer psicofonias hasta que una vez unos vivillos nos pegaron un susto que nos dieron unas corridas olvidando todo el material de grabado para nunca mas intentarlo.

dias después, amigos de mayor edad que se habian enterado de nuestra aventura, nos regresaron los grabadores con una nota que decia: "los muertos no hacen nada a los vivos hay que temerles" gran verdad.

saludos.

Angel dijo...

¿Americano Halloween? Creia o Pensaba que... era CELTA.