lunes, 27 de octubre de 2008

La granja, tú, mi escolta y yo

Ayer soñé con una granja, una gallina y un narcotraficante. Tú no venías conmigo, pero me acompañaba un escolta que envainaba una espada muy valiosa sujetada a la cintura. Su espalda era grande, su melena, desenfrenada, y sus ojos eran fríos como el hielo. La gallina al verlo, corrió amedrentada hacia el gallinero; y a la vez que cacareó exaltada, puso un huevo.
Mi escolta y yo nos besamos tumbados entre el montón de paja, entonces, aprovechando la situación, el narcotraficante robó el huevo y se hizo una tortilla.
Ayer soñé con una granja. También había una vaca uncida y atada, y un ganso patoso que correteaba torpemente de aquí para allá.
Los conejos se acurrucaban todos en una esquina de su jaula, como viejas chochas escépticas de la muerte, con sus ojos desorbitados y sus bigotes convulsionándose inexplicablemente. El narcotraficante comía la tortilla y, a su lado, el cerdo se bañaba en un barro medio seco y escabroso.
El granjero estaba trasquilando a la pobre oveja que, algo ciega, había perdido la ilusión de lucir una cabellera bonita. Tú, ausente, y mi escolta y yo profundizados en un eterno beso.
En la noche, una estrella fugaz se divisó allá en el cielo y tú, desde otro punto del planeta, pediste un deseo.
Una vez ya sin sed del uno y del otro, el escolta se apartó de mí, desenvainó su espada, y la clavó en una col del campo. El narcotraficante intentó sacarla, pero no pudo; ni la gallina, ni el granjero, ni la oveja sin pelo, ni la vaca prisionera, ni el ganso patoso- los conejos seguían abrazados a ellos mismos por el miedo de la noche estelar. Nadie pudo, ni siquiera el propio escolta.
Y de repente apareciste de la nada, como por arte de magia. Miraste al cielo y viste que tu estrella no te había fallado y que se cumplió tu deseo. En un acto heroico conseguiste sacar la espada, que poseía incrustados en el mango cientos de rubíes, y descubriste que su afilada hoja era de oro.
Al verme, me la regalaste para así hacerme consciente de tu amor incondicional, y yo, triste, la lancé al aire para demostrarte que mi amor no se compraba con espadas incondicionales, y me giré de nuevo para sumirme en el beso con mi escolta: frío como sus ojos, astringente e irreal.
Llorando, hiciste ademán de marcharte, pero, arrepentida, te susurré que te quedaras. Entonces, súbitamente, el narcotraficante me secuestró.
Ahora, tú otra vez ausente, mi escolta sin espada, y yo, mal encarada entre el montón de huevos que mi opresor arrebató sin escrúpulos a las pobres aves.
Laura Martínez.

8 comentarios:

JaviC dijo...

No sé si prefiero que continúe para seguir leyéndote hablar del narcotraficante (que más parece ovotraficante ;) o que quede así e imaginármelo yo mismo. Apostaría a que esto se te ha ocurrido en sueños. Eso, o qué imaginación la tuya...

Un saludo!!

Miguel A. dijo...

Ovotraficante dicen... xDDDD. Es una combinación extraordinaria esa del final, cuando pones opresor y aves en la misma frase. Las aves, símbolo de la libertad, y el opresor ya sabemos cómo es.

Un saludo

Sombras en el corazón dijo...

Estupenda la irracionalidad del sueño.
Se ve que el narcotraficante tenía la manía de mangar todo lo que se ponía a su paso.

Urge tener otro sueño aclaratorio. :0)

Un abrazo

nestor dijo...

Volveré a leer la historia pues no me quedó muy claro....quisiera saber mas sobre el narcotraficante...quién es él en tu vida del sueño? un simple ladrón de huevos o es una metáfora de amor...al secuesrtrate podría estar robando no una muchacha, si su amor.

Bueno....un abrazo y leeré otras entradas porque me he atrasado un poco con mis d´´ias de ausencia.

Lau dijo...

me ha gustado eso de ovitraficante.
Néstor: odéis interpretarlo como queráis. De hecho, ni yo misma tengo claras las ideas. (Bueno sí, un poco jajajaa)

Jorge Ampuero dijo...

Hola..
Me gustó tu relato y lo menos que puedo hacer es decírtelo.
Buena prosa. Persevera.

Saludos...

AdR dijo...

Voy a decir que pasa lo de siempre, los tipos chungos chungos son los que se quedan con las chicas.

Además, voy a pedirme cita con mi psicoanalista, es el mismo al que va Woody Allen. Estooo ¿te pido cita? :D

Besos.
P.D: Genial, tienes una imaginación/sueños que rompen moldes.

Perséfone dijo...

Curioso sueño, genial la manera de contarlo, como siempre.

Un abrazote.