lunes, 19 de diciembre de 2011

Hoy cumplo 20

  LA NOCHE QUE DOUGLAS MURIÓ

Minnie The Moocher by Blues Brothers on Grooveshark 



La música sonaba desde el tocadiscos por toda la casa. Los invitados habían dejado de bailar para permitir cundir el pánico. Muchos se llevaban la mano al pecho mientras gritaban auxilio, otros simplemente contemplaban la sangrienta situación en estado shock.
Ellos dos dejaron la escena atrás. Él cerró la puerta de un golpe. Ahora estaban solos en la habitación. Ella sostenía un cigarrillo en la mano y él un vaso de coñac.

-No nos engañas a nadie, querida.- la voz del hombre era pausada y profunda.- Sabemos que tú le mataste.

-Oh, vamos, quien le mató fue tu mujer, de un disgusto.- dijo ella mientras seguía fumando y tomaba asiento en la cama con todos los abrigos de piel tirados en él.

-Pienso descubrirte a la policía.

-¿La misma que si nos ve con todo este montón de Chateau Beaulon nos encerrará en prisión, o la que, cuando descubra a tus putas te desmantelará el negoció? ¿De verdad piensas hacer eso?- rió- Allan, no me cuentes historias absurdas. Además, no sé porqué sospechas tanto de mí, todos los de aquí teníamos razones para matarle.

-Recuérdamelas.- él estaba apoyado en el escritorio de madera del cuarto, observándola fumar.

-Todos sabemos que ese hombre tenía una buena pizca y no por sus negocios de honradez precisamente.

-No me estás dando nombres.

 Ella se encendió otro cigarrillo. Cada vez había más humo en la habitación, pero a ambos le encantaba el olor a tabaco. Mientras, seguían oyendo desde fuera los gritos ahogados y los lloros histéricos. 

-¿Quieres nombres?, pues verás, pudo haber sido Annette: el negocio de su marido se estaba yendo a pique tras la mala inversión que le recomendó, a conciencia además; o Sergey, ese hombre detestable que no para de sudar nunca y el mismo que, sin un centavo, aceptó una apuesta que era imposible ganar y que todavía no ha pagado. También está Chad, el pobre se enteró de que su mujer era una furcia, y ya sabes por qué, le gustaba mucho los hombres ricos…

-Como a ti.- dejó el vaso de coñac en la mesa y se acercó lentamente hacia la mujer.

-Como a mí.- ella lo esperaba, y mientras lo veía venir se subió el vestido lentamente hasta las rodillas.- Tócalas.

Allan se agachó hasta ellas y comenzó a chuparlas con cautelo. Su lengua subió por sus los muslos. De repente, ella le apartó bruscamente y se volvió a bajar el vestido.

-Aunque no soy ninguna de tus mujercillas y mucho menos una de tus chicas de burdel, sabes que esto te costará un precio.

El hombre rió.

-Aprendes rápido, querida. La primera vez no me costó nada. 

-La primera vez Nueva Orleans seguía siendo tan joven como yo. Ambos hemos aprendido el uno del otro. ¿Escuchas eso de ahí fuera? Tu mujer llora desconsolada, quizás deberías ir a tenderle un pañuelo.

-Lo único que quiero tender ahora mismo es tu cuerpo sobre ese montón de abrigos y tocarte hasta que también grites desconsolada. ¿Qué es lo que quieres tú?

Sonrieron. 

-Sabes perfectamente qué es lo que quiero. Sólo un par de llamadas y un gran escenario para mis piernas.
-Eso lo iba a hacer de todas formas.

Sonrieron. Ella se levantó, se puso de espaldas y se desabrochó lentamente el vestido, que se deslizó por sus caderas hasta el suelo. Dejó a un lado la ropa y se acercó a él con sus ligas negras y sus labios rojos.

-En ese caso,- le susurró al oído- considéralo un regalo. Pero hagámoslo rápido, que tenemos un cadáver en la cocina que hacer desaparecer y un escenario que limpiar.

domingo, 4 de diciembre de 2011

I'm dreaming of a ¿white? christmas




Siempre me ha encantado esta época del año, pero en Madrid me ha gustado muchísimo más. Será por eso del frío y de las luces, a pesar de que yo las critique diciendo que podríamos reducir gastos no encendiéndolas; pero, para qué engañarnos, ¿qué son unas navidades sin estrellas colgando de las farolas de la calle?

Y me pongo villancicos para ponerme a tono –navideño- let it snow, let it snow, let it snow y me coloco gorros con lazos y guantes de lana cuando salgo a dar un paseo. Y…
¡Oh, dios mío! ¿Eso que suena es el Last Crhistmas de los Wham!?  Tienen hasta su encanto personal, que queréis que os diga…

Cuando sea mayor, compraré abetos y lo decoraré con parpadeantes bolas luminosas; pondré calcetines rojos en la chimenea, e iré a cenas de empresa vestida de Mamá Noel putona para cantar el Santa Baby delante de todos mis compañeros.

Por eso espero ansiosa a cumplir los treinta años; mientras tanto, me preparo para estas navidades: de momento tengo el resfirado. Me faltan el vino caliente, las películas de Antena3 de por la tarde y algún que otro polvo…

Polvorón, quiero decir.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Intentos de. #2

08/09/2011

Estoy borracha y no he bebido nada de alcohol.
Descubro a la persona que tanto detesto, ahí, escondida e impertinente, dentro de mí.

Insomnio.

Insomnio porque no me abrazan.
Insomnio porque no me besan.
Insomnio porque no me hacen

el amor.

Y no duermo bien cuando estás a mi lado y no te interesa ni un poco que me haga la estrecha y la fría.
Tampoco duermo bien al día siguiente cuando lo recuerdo.

Francamente, me decepciono cuando me convierto en una ilusa.
No, no:

Francamente, me decepciono cuando me sorprendo buscando el amor que tanto critico.

Pero luego,

luego.

Luego se me pasa.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Intentos de. #1




Hay veces que veo por los pasillos de la facultad a la rubia de primer año. No es una rubia despampanante, es una rubia a secas, con su pelo aplastado, sus pecas salpicándole la nariz, su mirada insulsa y su metro sesenta y cinco.
Cuando la veo, no puedo evitar recordar aquel verano en Guardamar que me la encontré en el Cine + Copas, con la misma cara inexpresiva, mientras se estaba enrollando con el camarero que siempre me tira la caña cuando, después de bailar una canción en la tarima, me acerco a la barra a pedir una cerveza.
  Ese día ella iba borracha y cuando nos vimos bailando el fans de John Boy, sonrió y espetó a voces que yo era una de las pocas con madera de periodista de la clase. A mi me halagó muchísimo, pero en aquel momento sólo pensaba “si supieras que él está contigo porque yo no le hago caso…”  Y me dio pena y rabia a la vez, porque no quería otra cosa que bailar en la tarima alguna canción de Dorian o Vetusta Morla y que el camarero- camarero- me invitase a una copa, como solía hacer, y me dijera lo guapa que le parecía, yo y sólo yo, sin compartirlo con nadie y mucho menos con una rubia sosa de mi clase de periodismo en Madrid.
Los vi salir, agarrados de la mano. La rubia no se dio cuenta de que yo los estaba observando; él sí, y me sonrió, me sonrió perversamente como diciéndome que ahora me jodía por no haber estado más rápida o por haber estado tocando las pelotas durante tanto tiempo.
Al año siguiente, para que no me pasara lo mismo, me lo tiré.
No me ha vuelto a llamar.

viernes, 28 de octubre de 2011

Today, champagne.


Desde la cocina oigo cómo Juan huele el periódico que tiene entre manos. Nunca le da tiempo a leerlo por la mañana, así que siempre espera el momento de la cena para poder hacerlo. Le encanta cuando se embarra las manos con la tinta de imprenta que desprenden las páginas del periódico. Cree que así también se lleva consigo los conocimientos y saberes que se prestan al orden del día.
Será imbécil.

Yo preparo la cena, como todas las noches. Como todas las malditas noches. Hoy toca bistec de ternera, vuelta y vuelta. Poco hecha. Tan cruda, que la voy a servir con sangre. En casa nos gusta así.

Me duele la cabeza. Afilo con desgana el cuchillo.

El niño juega a las torturas con sus muñecos. Una historia de cómo alguien desobedece y paga por ello. Decapita las cabezas de las Barbies que roba en el colegio y, con alfileres, le arranca los ojos a los mini Baby Born de cuando su hermana era pequeña.

De fondo, el murmullo de esa tipa aberrante del Canal 1.

  “Se llamaba Daniela y tenía tan sólo 21 años. Se trata de otro caso de violencia de género causado por los celos. Su novio la había amenazado anteriormente con matarla. Fue hallada en su baño con el cuerpo hinchado de agua y la manguera de la ducha atravesada por la garganta. El terrible suceso ha transcurrido esta mañana cuando la víctima se disponía a ir la universidad…

 Terrible. Ya estamos con las malditas impresiones. ¡Como si el horror pudiera tener el mismo sentido para todos!

- ¡Tengo hambre!

Pues cómete tu jodido periódico. O ven a la cocina y ayúdame un poco, ¿no crees? ¿No piensas que un poco de ayuda me vendría bien asqueroso vago?

Mi hijo y marido preparan la mesa. Nos sentamos todos. Sirvo la comida. Callados como siempre, Juan sube el volumen del televisor.

Comemos lentos y despacio.  


Yo tengo la manía de morder el tenedor cuando me lo llevo a la boca. El niño acostumbra a tragar fuertemente. Y Juan siempre lo hace con la boca abierta. Y cómo lo odio

- Le falta sal

Y cómo lo odio.

-¿Y para esto has tardado tanto? ¿Qué hacías en la cocina, rascarte el coño?

¡Y cómo lo odio!

- Hay que joderse, uno se tira todo el puto día trabajando para que luego haya poca cosa en la mesa.

  No aguanto más. Un solo ruidito de cómo mastica la comida, y me lo cargo.


*
*
*
*
*

(...)

Me encanta cuando embarro mis manos de sangre.
 Siento que me llevo conmigo toda la venganza que merezco.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Me mira y me odia



Me mira y me odia.


Me mira y me odia, y no sé si me odia ella o me odian sus ojos. También me odian los hoyuelos de sus mofletes cuando sonríe. Perversa. Y sus patas de gallo que cantan a cualquier hora del día:

Kikirikí-Kikirikí

Tiene los dientes torcidos, pero es guapa. Muy guapa. Me encantan sus pecas, aunque me odien.
Y mientras me mira, apoya la mano encima de la mesa. Sus uñas son largas. Rojas. Le chifla, le vuelve loca mirar mientras carraspea la mesa. Que sueneQue suene en el silencio.

 SI-LEN-CIO.

No habla, pero no deja hablar tampoco a nadie. Con su mirada lacerante nos acalla a todos.

Shhhh…  (si-len-cio)

Tanto, que puedo oír su corazón en el pecho, retumbando. Baila, acelerado, sin parar. 
Y veo cómo, de repente, le estalla una teta. 
Ella no se inmuta. Sigue mirando. 

Te penetra, te penetra porque su mirada es su falo. Por un instante puedo sentir cómo me embiste y me folla. 

 Lacerante fémina con mirada fálica y orgullo de mujer consentida.

Me encantaría que le estallase el otro pecho

Y tampoco me importaría que le estallasen los tobillos, ni sus codos, sus hombros, su culo, sus mofletes... Su cabeza. 

Que le estalle a esa hija de la gran algo todo el cuerpo de repente.

No puedo con ella, porque me mira y me odia, aunque no estoy segura de si me odia ella o me odian sus ojos.

domingo, 23 de octubre de 2011

Me lloran los enanos



Me lloran los enanos, bajo las piernas, para que no me vaya.
Me suplican tristes que me quede con ellos. Pero ya no hay nada que se pueda hacer, ni ganas que me retengan aquí.
No quiero verlos más. Les he devuelto todos los regalos que me hicieron. Les devolví el pesimismo y el mal humor, envueltos en el mismo papel desgastado.

Tiran de los pliegues de mi falda para llamar mi atención.

ñañañañañañañañañaña…

Me voy. Me cansé de mirar el suelo en busca de mi céntimo de la suerte y sólo encontrar enanos que gritan mi nombre.

¡Suuuuusiiiiii!

Y mientras ellos hablan de un “hasta luego” yo les dedico el más rotundo de los “adioses”.


lunes, 10 de octubre de 2011

Ella soy yo





Todos soñamos cosas. Nos acurrucamos entre sus brazos, nos balanceamos con sus piernas  y caemos sobre su orgullo, pisoteándolos una y otra y otra vez, hasta que, a la noche, volvemos a soñar. Sin condiciones de ningún tipo.

(...)

La miro fijamente. Ella soy yo.
La veo pasear por la calle con sus gafas de sol.
Llora.
Luego ríe.

La observo: ella soy yo.
Saca de su escote un sombrero de copa.
Saca del sombrero de copa un paraguas.

Empieza a llover. Lleva el paraguas a modo de bastón. Se moja. La lluvia borra su cara. Mi cara.
Ya no tiene boca, ya no tiene cejas, nariz, ni pecas.  No tiene ojos, pero veo.
La veo.
Me veo.

Tiene el pelo mojado y ha perdido la ropa por el camino. Sus pechos son los míos, pero los de ella me gustan.

Me siento observada mientras la miro fijamente.

Su pañuelo de lunares se parece al que tengo colgado en el perchero de casa. Se intenta ahorcar con él desde un árbol, pero de repente el árbol ya no está. Desvanece. Nunca existió.

Sigue sin tener rostro.
Ella soy yo.

Cómo la envidio

miércoles, 5 de octubre de 2011

Wait for it





 -Ufff… Y yo qué sé.

No vocifera, pero sí suspira. Son las cinco de la tarde y no para de mirar la hora en su teléfono móvil. ¿Qué hora es? Las cinco y un minuto. ¿Y ahora? Sigue siendo las cinco y un minuto, pesada.
El calor le apunta con una pistola directamente en la cabeza. Y dispara.

-Uffff… Y yo qué sé.

No habla con nadie. Se pregunta cosas a ella misma, interiormente y se responde hablando en voz alta.
 Tiene hambre, y se prepara algo de trampó con una tortilla francesa. Eso le da más calor aún y bebe, como respuesta, la botella de agua que había en el frigorífico. Dos litros de líquido en menos de cuatro tragos. Ahora, además de acalorada, se siente pesada, como nunca. O como siempre. ¿Qué hora es?
  Vuelve a mirar la hora y se pregunta qué cojones está esperando.

-Uffff… Y yo qué sé.

Pero sí lo  sabe. Lo que pasa es que ella es una chica fría, calculadora e independiente y se niega a pensar que, quizás, no lo sea tanto. Nada la distingue, porque, como todas, espera, mientras mira la hora en el móvil, y el calor le apunta con una pistola en la cabeza.

Es domingo y eso quintuplica su mala leche, porque tiene, y mucha. De eso nunca le ha faltado. Pesada y gruñona, frunce el entrecejo.
 Y de repente, suena el teléfono móvil. Es la señal de mensaje. Apresurada, lo coge, quiere que sea él, desea que sea él, porque si no lo es, siente que habrá rebajado su dignidad al menos siete.

“Estoy en la ciudad. Cuando llegue a casa, hablamos. ¿Quieres que te traiga algo del McDonalds?” Maldito Dani. No, no quiere que le traigas nada del McDonalds. No tiene hambre. No quiere comida americana. No quiere.
Y mira a través de la ventana, siempre con el móvil en la mano, por si acaso.

Su calle nunca fue bonita. Sus vecinos, muchísimo menos. Es una zona de estudiantes, y  los edificios de alrededor los habitan jovenzuelos con escritorios llenos de apuntes y Macs.
Ve que el vecino le saluda. Es un poco barrigudo y tiene mucho vello en el pecho y en las piernas. Él la saluda, también desde su ventana,- Windows Comunication 2.0-,  y le hace gestos para llamar su atención. Cuando se da cuenta de que aquello no funciona, emplea sus pulmones para vociferar:

-¡Eh, tú, morena! ¿Por qué no vienes aquí y me pides un par de huevos?

Seguidamente se ríe como si fuera un cerdo al que estuvieran intentando degollar, o peor: una burra apunto de parir.

A ver, relaja, se dice, tienes veinte años, ¿y qué si este capullo no te llama? ¡Al diablo con él! Te esperan muchos otros por la calle, ¿acaso no te lo has demostrado?
 Y así, se tranquiliza, mientras ve al orangután de vecino gesticular necedades por la ventana.

Sigue haciendo calor, y la tarde sigue sin moverse. Este domingo es eterno, pero ella, una mujer independiente que no espera a nada ni a nadie. O eso piensa, mientras sostiene el móvil en la mano preguntándose qué cojones está esperando.

-Ufffff, y yo qué sé.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mesa manchada de café



Llegó con prisas, dándome un golpe con su bolso rojo de charol.

-Perdón- dijo, mirándome fijamente a los ojos.
-No pasa nada-

Mientras ella buscaba un sitio en el que sentarse, yo observaba embelesada su vestido azul oscuro con un estampado marinero que, a mi parecer, era ridículo, pero que marcaba su silueta delgada y perfecta. Tenía una melena lisa y caída, casi aplastada, tanto, que sus orejas sobresalían de entre aquella fina cortina de pelo.

Yo tomaba un capuchino doble, ella se había pedido un zumo de arándanos. Al sentarse, cerca de mi mesa, me sonrió, y entonces me fijé en sus ojos.

Sí, qué tópico, ¿verdad? Los ojos, que no sirven para nada más que cursilerías. Los ojos que son recurrentes para todo. ¿Te gustaba?, ¿era guapa? Bueno, tenía una mirada que embriagaba. ¡Qué ojos más bonitos tienes! Los ojos, que nada hablan y todo lo dicen. Fueron aquellos ojos y no otros. Me miraban tan complacidos y sonrientes, que, por más que lo intenté, no pude volver a concentrarme en mi lectura. Desde su mesa, me preguntaban acerca de mi soledad, pero yo intentaba esquivar su mirada constantemente.

La chica, que entendió mi huída como una derrota, cruzó las piernas y sacó su portátil para  hacer a saber qué trabajo pendiente. Pero no lo podía evitar, y de vez en cuando me miraba por encima de la pantalla, volviéndome a preguntar cosas que yo no entendía, o no quería entender.

Mientras, yo tomaba a pequeños sorbos entrecortados mi capuchino doble y simulaba que leía.

En un momento de despiste, la chica decidió sentarse a mi lado y de un sobresalto, derramé el capuchino sobre la mesa.

-Oh, vaya, lo siento. Te he asustado- dijo entre risas- te pediré otro, no te preocupes. Es que te he visto sola y me he tomado la licencia y confianza de sentarme aquí contigo para charlar. ¿No te importa, verdad?

En absoluto. Para nada. De ninguna manera.

-Soy Erika.

Y comenzó a relatarme su pequeña travesía por la vida. Me contó cosas a cerca de su familia, que era de origen belga, pero que llevaba ya dos generaciones viviendo en España. Me contó que detestaba ponerse vaqueros y que bajo ningún concepto se depilaba las axilas, que toda esa tontería de arrancarse el vello del cuerpo era una necesidad que nos habían creado.

-Claro que, realmente no tengo casi nada de pelo en el sobaco.

También mencionó algo de sus aficiones: le gustaba el badminton, las cuentas y sentir la lengua sobre…
-Las cosas calientes.
-¿Cosas calientes?
-Si, como el café, por ejemplo. Me encanta que me arda la lengua y que parezca que se quiebra en mil cachitos al rozarla con el humo que desprende el café bien caliente.

Era una chica extravagante. No extraña, pero sí muy ensimismada en sus cosas que yo consideraba tonterías y que, contradictoriamente, me fascinaban.

-¿Y tú?- dijo mirándome fijamente, de nuevo con aquellos ojos preguntones, asaltadores y entrometidos.

Yo era una escritora, frustrada, como casi todas las mujeres de letras. Le expliqué también que me gustaba mucho la fotografía, aunque era una negada de la cámara y que llevaba tiempo intentando inspirarme con una foto de Helmut Newton para escribir mi nueva novela, pero que lo que tenía de momento, era bazofia.

De repente, volví a derramar el capuchino cuando noté una mano que acariciaba mi muslo. Erika sonrió de nuevo y pidió otro capuchino, sin vacilar y sin dejar de acariciarme, por supuesto.

-Apuesto a que tienes otras muchas cosas interesantes que contarme.

Apostaba mal, pero no quería parecer menos cosa que ella, y espeté:

-Bueno, todo el mundo tiene sus aventuras y secretos…

Ella me dijo que le encantaría descubrirlos, a la vez que su mano subía lentamente hasta mi entrepierna, colándose debajo de la falda.
 Que tenía muchísimas ganas de que le enseñase alguna poesía que tuviera escrita, y sus manos avanzaban hasta quedarse rozando mis braguitas de algodón.
 Que se moría por compartir conmigo nuestros gustos por Helmut Newton, y sus dedos bailaban para buscar mi humedad inminente y quedarse acariciándome los labios.

Sin querer, ahogué un suspiro y cerré los ojos, intentando no pensar en nada. Ella seguía manoseando, primero círculos concéntricos, después rectas de arriba a bajo, más tarde el índice que…

-Para…- le dije.

Abrí los ojos y vi cómo la japonesa de al lado nos miraba, estupefacta, mientras sostenía su sandwinch en la mano.

Erika rió, y sonrió, y con aquellos ojos me susurró:

-Derrama esta última taza de tu capuchino y así tengo una excusa para invitarte a tomar algo a mi apartamento.

martes, 20 de septiembre de 2011

Septiembre



Septiembre es siempre un mes ajetreado: hay que volver a casa, deshacer maletas, rehacer armarios, comprar libros, libretas y lápices; encontrarse con gente, contar aventuras. 
Sin embargo, este año, septiembre ha llegado tranquilo y apaciguado, y sus tardes asoman aburridas y me preguntan con desánimo: 

 -¿Qué podemos hacer, Laura, qué podemos hacer? 

 Y yo, que nunca fui una niña con poca imaginación, me agonizo al descubrir que he caído en una trampa. 

-Podemos,podemos... 

 Pero nunca se me ocurre nada. Y paso mis días de septiembre entre cables de ordenador y voces de presentadores de telediarios. 

 -Podemos, podemos… 

 Ya he probado casi todo: leer cuentos, escribir payasadas, dar paseos, buscar el amor, conformarme con el sexo, bailar frente al espejo y beber cerveza. 
 Madrid ha quedado reducida a la nada en este cochambroso mes de septiembre; y tan absurdo me parece, que, por cambiar de aires, he escogido el turno de tarde en la universidad para este próximo curso.

 -¿Qué podemos hacer, Laura, qué podemos hacer? 

 Podríamos salir en busca de algo. No sé, de un tesoro, por ejemplo. De alguna moneda tirada en el suelo para que nos de buena suerte. De un trabajo. Salir en busca de una cabeza, que últimamente la que tienes en casa no funciona y te atormenta con jaqueca, porque inventas necesidades; y todo lo quieres ya, como una niña consentida y mal acostumbrada. 

 Lloriquea, Laura, lloriquea. 
Lloriquea hasta moquear y comprender que en realidad necesitas lo que crees que no quieres. 

 Septiembre fue siempre un mes de faldas largas y de peinados nuevos. De despedidas, y de canciones de Rod Stewart. Por eso, aunque todavía no he llegado a moquear y comprender del todo, le estoy diciendo adiós a todo aquello que no necesito.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Ja-jás


Nos vimos,
y nos hicimos gracia.
Nos reímos,
a la distancia, como tontos,
de la vida.

JA-JA

Después nos hicimos el amor.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cuando me mojo las manos ya no sé lo que escribo





Cuando me mojo las manos,
y las extiendo hacia abajo
-como rama de laurel colgado en la cocina-
y de los dedos caen gotas de agua,
que parecen estalactitas
y más tarde, uñas transparentes, largas y afiladas;

y caen las gotas al suelo,
y desaparecen,
para después aparecer otras,
que vuelven a convertirse en estalactitas
y en uñas que otra vez desaparecen,

vuelvo a mojarme las manos,
para sentirme vidente y poder predecir cosas:
como que mis manos comen naranjas y melocotón troceado sin pelar.

Tengo las manos tan ásperas como ese melocotón cuando se secan tras haber descubierto uñas nuevas.
Y, cuando acarician mi rodilla,
me raspan, rasgan y arañan
-soy así de ruda-
y sangro dolor por los pies cuando,
con la rodilla jodida,
me pongo tacones.

Y no sé porqué.

Pero camino envanecida,
creyendo que tengo una espalda bonita,
y sabiendo que la sangre de mis pies
forman charcos en la plantilla del tacón.

Pero no sólo chorreo sangre.
También dudas, por los ojos,
y aquí todo el mundo es ciego
y no entiende - ni atiende- a lo que pregunto.

Y no obtengo respuesta,
y entonces, sangro dudas e indiferencia.
Y eso es algo que detesto.

Mientras, comen naranjas y melocotón troceado mis manos torpes y  mojadas,
con uñas de vidente.



lunes, 12 de septiembre de 2011

Cuando el caos se cansa




El caos no es casualidad.
Nunca lo es.
Y cuando todo gira, se revuelve y se marea,
    cuando todo está resacoso,  insufrible y siente que le dan martillazos en la sien;
    cuando todo eso es así,
entonces vuelve el todo a parar en seco, y se tumba en el sofá a descansar para levantarse al día siguiente sin el caos que le habitaba.

El caos no es casualidad.
El caos ES
porque nos lo cuestionamos todo.

-Es 11 de septiembre y ando subida a un avión-

martes, 6 de septiembre de 2011

Mañana será recuerdo


Me encanta hacerlo,
suscitarlo
y provocarlo.
...
Recordar el pasado engancha,
y solo es devastador
cuando no lo echas de menos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Calla y saluda


No sé cómo lo haces, pero cuando pienso en ti, me pregunto si recordarás los momentos en los que, tras hacer el amor, me pedías que no me fuera y me quedara un día más contigo.

No es que no me lo hayan vuelto a pedir, pero con ellos, el arrepentimiento no ha llegado después de haberles dicho que no sean unas nenazas lloricas.

Si me hubieras insistido, probablemente te hubiera pedido que te vinieses conmigo.

(...)

Y ahora no comprendo porqué no puedo dejar de soñar con tu cuerpo y tu sonrisa.

Me muero si te imagino pidiéndole a otra que se quede contigo.
Y me muero aún más, si otro intenta quererme de la manera en la que tú lo hiciste.

Pero eso, nadie lo sabe.

sábado, 20 de agosto de 2011

The Killing Time





Sigo teniendo ganas de mover cosas de su sitio.
Mi avión sale dentro de media hora,
mis ilusiones llegan dentro de dos.

Pero cuando me encuentre en casa, ya no tendré más armarios para desarmar,
ni cortinas que quitar,
ni cuadros con los que horrorizarme,
ni espejos que colgar.
Ni bicicletas que montar.

Y a pesar de haberme acostumbrado a que la bici y yo seamos una,
-los alemanes y su estilo de vida-
no me queda más remedio que moverme a mí misma de sitio,
y mandarme al sondeo de lo que ando buscando,
que creo que es una mente despejada y un futuro,
aunque no estoy segura.

martes, 9 de agosto de 2011

Me encanta la belleza de lo estrafalario.


No suelo derrochar romanticismo, pero hoy me divierte la indeterminación de mis actos.
Disfruto asomándome al balcón.

Respiro hondo.
Espiro largo.

Adoro la lluvia sobre los coches y el taconeo de los pasos de los vecinos por la calle.
Hoy mas que nunca dejo llover la vida encima mía.

Detestaras mi indecisión, pero no puedo prometerte nada porque esta vez no tengo expectativas de ningún tipo.
?Cuando sabré que has llegado a la ciudad?
Me encantaría que existieras de la manera en la que te imagino.

Pero no espero nada de ti, todo lo que espero es mio.

Y decido alisarme el pelo los días de lluvia, deliberadamente.
Me fascina el encrespamiento de las cosas; como aquel día, ?Recuerdas? Me estremezco si me imagino que vuelve a pasar tu mano sobre mi oreja para quedarse acariciándome el pendiente. De eso hace ya muchos orgasmos.

Poco me importa lo que yo pueda pensar. La indiferencia es lo que busco de mi cuando estoy contigo; así que voy a enfundarme en mis tacones, ir al Olga's a tomar una pinta de cerveza y encontrarme con el alemán-alemanote del sábado pasado.
Ya se que tiento a la suerte, pero es que quiero volver a casa lo mas encrespada y mojada posible.

jueves, 28 de julio de 2011

Cuando quieres hablar de las pesadillas de otros y acabas hablando de las tuyas.


Marina tiene muchos sueños;
pero no recuerda ninguno que no sea pesadilla.

Mi pesadilla particular golpea las puertas muchas veces al año,
A veces, todavía me tortura haciéndome imaginar qué hubiera pasado si me hubiera quedado a tu lado o si yo te lo hubiera pedido;
y me amenaza con arrebatarme el coraje que necesito para poder encontrarme a mí misma.

Cuando llega, doy vueltas en la cama, intentando combatirla en la oscuridad de la habitación.
Mi única táctica de defensa es encoger las piernas y frotarme los pies fríos.

Y cuando, negligente, ya no sé quién soy, despierto, sudorosa, preguntando mi nombre.

Entonces Elena me tranquiliza,
y me arropa
y me da un beso
para que pueda dormir tranquila, aunque sé que lo hace sin saber quién soy.

Parecerá extraño, pero me gusta olvidarme de vez en cuando y pasear siendo una sinombre por las grandes avenidas, noqueada por la perplejidad de no saber nada acerca de mí.

Supongo que es una cuestión de egolatría:
perderme una y otra vez; para
buscarme,
llamarme,
sufrirme,
y otra vez disfrutarme cuando me encuentre.

Ayer volví a encontrar mi nombre.
Estaba en los bolsillos del pantalón que metí en la lavadora.

martes, 26 de julio de 2011

Tráeme impresiones




Esta es la no-historia de unos ojos tristes y perdidos.

Sé que de ojos tristes se sabe y se habla mucho, y que incluso cuando no existen, se inventan para poder escribir sobre tragedias y desdichas.
Pero estos ojos no son invenciones, yo os hablo de unos, auténticos y efectivos.
No recuerdo con qué forma se muestran, ni con qué color laceran a aquellos que, sin querer, se abisman en su interior intentando encontrar una historia.
Sólo su mirada abstraida en la nada y su brillo descompuesto por la decepción es lo que mantengo en memoria.
Sus puntos fijos inexistentes y sus párpados firmes, sin derrumbarse o caerse ante ninguna sensación.

Ulli es un tipo alemán de edad adulta. Siempre que lo veo, lleva en su sesera una gorra con estampado militar, para protegerse del Sol Alicantino. Su cuerpo no es endeble, como sus ojos, ni parece inseguro.
Ulli nunca habla, no sabe español; aunque por lo que deja aparentar, supongo que no es un tipo muy charlatán, ni si quiera con aquellos que hablan su mismo idioma.

Y como no habla- ni mucho ni poco, nada- no puedo saber la historia que dejó triste a sus ojos; y es por eso que en estos días de verano, como tiempo libre no me falta, me he dedicado a imaginarme esos ojos tristes y desvalidos, rompiéndose bajo el desengaño de las cosas que les parecían ejemplares.
He teorizado, inventado y proyectado en mi mente millones de situaciones suficientemente desdeñosas como para adulterar unos ojos que sólo buscaban un motivo.

Todos necesitamos uno, y hasta que no encuentre el mío, supongo que me entretendré padeciendo los males ajenos.

Escasea mi imprescindible cambio, y lo necesito ya, ahora que Ulli ha vuelto a Alemania y no tengo historias que inventar.

miércoles, 1 de junio de 2011

Ecografía



Dentro no hay nada.
Está hueco y vacío.

No tiene órganos vitales.
No esconde tesoros,
ni basura o desperdicios.
No tiene planes, no tiene futuro...
no tiene pasado ni recuerdos.

Derrocha vehemencia porque
nadie oye el eco de su retumbante
y profundo grito.

Huele a húmedo y está templado,
Y lo único que sabe es que una vez tú estuviste dentro.


lunes, 23 de mayo de 2011

Estamos invadidos.








Me pinté las uñas de azul esta semana.

No sé si es casualidad,
pero creo que era una señal del porvenir.

Por si acaso,
me las pintaré de rojo el año que viene.

lunes, 9 de mayo de 2011

No quiero imaginarme a caballo...


Me desplazo levitando,
asustada,
porque los pantalones me violan si voy a pie.

martes, 3 de mayo de 2011

Si tú eres Drácula... Papá es Dráculo.


Laura es, porque tú eres.
Y siendo tú,
me has enseñado a ser.
...
Que nada invada lo que es nuestro.
...
¿Qué soy yo sin ti?


domingo, 24 de abril de 2011

Perro atado a la pata de la mesa


Amarrado a la pata de la mesa,
aúllas,
gritas
y lamentas mi partida.

Te até,
como a un perro,
para que no me pudieras seguir

y reanudar mi paso sin tu penosa,
fatigosa
y constante queja del amor.

Y como un perro,
intentas morderte la cola
dando vueltas sobre tu propio eje.

Te crees poeta cuando hablas de ti.
Siempre hablas de ti.
Incluso cuando hablas de cualquier otra cosa,
acabas mencionándote.

Y te encanta.

Te encanta recrearte en los dones y aptitudes que careces,
y te encanta aparentar una humildad que no posees,
pero tu soberbia te puede.

Crees que lo sabes todo.
Pero ¿Qué narices sabrás tú?

No eres más que un perro atado a la pata de una mesa.

miércoles, 20 de abril de 2011

No me tientes




Tu aliento me es familiar.

Necesito que sientas lo que yo siento
Y que se estremezca tu cuerpo como el mío,
cuando tus labios se apoderan de él.

Necesito que me toques
la pierna,
la entrepierna,
y que llegues
resuelto
y temerario
hasta mi sexo.

martes, 12 de abril de 2011

Me pongo cachonda


No quiero que vuelvas.
Ya no echo de menos que me rías los chistes malos.
El silencio de quienes me escuchan me divierte más.

Ya sé pasear sin agarrarme a tu mano;
y mis pies - antes torpes- desfilan elegantes uno tras otro
mientras me dirijo hacia ningún lugar.

No quiero que vuelvas.
Ya no echo de menos que me arranques las bragas a mordiscos.
Conmigo estoy muy bien,
y es conmigo con quien mantengo una relación de pura exaltación.

(Me excito porque me han crecido las tetas.)


domingo, 3 de abril de 2011

Viajo huyendo de mí


Viajo huyendo de mí.
No concibo caminos ni fronteras.

Viajo huyendo de mí.
De lo que soy. De lo que pueda ser. De lo que no seré nunca.

No tengo agallas. Viajo huyendo de mí.

Me persiguen, rápidas, las incertidumbres. No logro despistarlas.
“¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Quién eres?”

Soy.

Viajo huyendo de mí. Arrastro mi cuerpo.
La maleta me pesa, tanto como mis pies cansados y mi yerta espalda.

No me esperan en ninguna parte. Yo tampoco me espero.
Soy un improvisto.

Viajo huyendo de mí.

domingo, 20 de marzo de 2011

¡Damn!

Es increíble cómo un lugar puede remover los escombros de la memoria.
De repente los recuerdos se postran arrogantes y sin invitación en el umbral de la mente, como aquel que llega a la cena con botella de vino en mano pensando que con eso soluciona la incomodidad de su presencia.
La memoria es todo lo que nos queda, y todo lo que no queremos. Nada la para, y por mucho empeño que pongas para derruirla, su firmeza la mantiene en pie. Finalmente desistes y caes bajo las zarpas de esa maldita pregunta que te haces cada vez que oyes su nombre.
No se trata de lo que una vez pudo ser. No se trata de desamor. No se trata tampoco de penas ni penumbrias. Posiblemente tampoco se trate de tormentos o nostalgias, ni de vísceras palpitantes que se encogen rápido, acechando el desengaño.
Se trata de patinar sobre mis propios argumentos, desalentándome con cada porqué que retumba en mi cabeza suscitando la idiocia.
El tiempo corre rápido y llega a la meta con horas de adelanto porque tú has caído de bruces al suleo al tropezar con aquel viejo tronco caído.
Pero dejo el romanticismo a un lado, que no estamos en el siglo XVIII y yo ya soy mayorcita para memeces de este calibre.

Esta tarde me voy de aquí. Y volveré a volcarme en lo único que hoy por hoy me excita -en cualquier sentido de la palabra-.
Madrid está llena de pasiones como para desaprovecharlas.

P.D. Te prometo que no volveré a evocar tontamente mis inseguridades.
Maldita sea.

jueves, 17 de marzo de 2011

¡Qué pena!


A pesar de haber tenido una vez,
además de la voz,
algo pene-trante,
tu hedonismo se ha quedado estancado en la nada.

lunes, 14 de marzo de 2011

Mi nuevo despropósito


Confundo a menudo el nombre de la serie de “Motivos personales” con el de “Asuntos propios” un programa de radio.
Cosas distintas que, si se yuxtaponen, tienen en común el periodismo.

Natalia Nadal, la protagonista de la serie de periodismo de investigación, es una mujer guapa, decidida, independiente y lista. Algo así como un ejemplo a seguir.
Muchas veces Ezequiel me compara con ella. “Así serás tú”

Veamos Asuntos personales, por favor, que me muero de ganas por saber quién es el asesino.

Que no es Asuntos Personales, cojones, y como lo vuelvas a decir mal no pienso ver ningún capítulo más contigo. Vete con el Garrido a freír espárragos.

Elsa siempre ha sido un poco siesa. Pero tiene razón, no puedo estar eternamente confundiendo términos: cuando me llaman Joven Fogosa, no esperan de mí precisamente la ternura.
Pero no tuvieron a la Laura tierna. No.
Hoy por hoy, tampoco tendrán su fogosidad.

martes, 1 de marzo de 2011

Carencia


Cuando el verdugo se quita la capucha, camuflándose con el resto de individuos, ya no es verdugo y llora temblando porque cree haber perdido toda seña de identidad.

Tú nunca has sabido quién eres- ni siquiera con capucha puesta- y nunca te ha preocupado; pero, ahora, que has caído de bruces y te has topado con la vergüenza (o quizás con alguna revista de moda) pruebas con todos los zapatos, pantalones, camisas y camisetas posibles para ver si alguna prenda te define. Buscas canciones, discos y cantantes; bares, terrazas y barrios; amigos, amigas, mapaches y monos de feria, pero no entiendes que forzar el hallazgo de la magnificiencia es de lerdos.

Creo triste que no lamentes las horas perdidas buscando y encontrando algo que tampoco tiene autenticidad.

No eres nadie, y nunca lo has sido.

jueves, 24 de febrero de 2011

Brochazos


El otro día cogí un pincel y con un poco de pintura puse a prueba mis dotes de artista.
Me preguntaste cuántas ganas tenía.
Supuse que preguntabas por pinceles de otra clase. "Si supieras que no llevo bragas y que no tengo ganas de encontrarlas, sabrías cuántas"
Con las manos llenas de pintura- roja-, comencé a pintar el lienzo. Dibujé algo que llamé las llamas del infierno y lo que tú confundiste con amapolas, eran rostros en agonía y contienda, quemándose en el fuego.
Me preguntaste esta vez cuántas ganas de las de antes conservaba. Como ya sabía con seguridad a qué pincel te referías, te miré, te metí mano y te reté.
El (tu) pincel resultó ser brocha, y tras una tarde llena de brochazos torpes y patosos, me di cuenta de la horrible artista que estoy hecha, pero me dio igual y colgué el lienzo en el cuarto, junto al espejo, para recordar que un día por lo menos lo intenté.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Mamá, no quiero ir al colegio.


Me he hecho amiga del negro que pide dinero en la esquina de la calle.
A la gente le da pena porque es negro, pero él nunca está triste.
A la gente le da pena, y esa conmiseración se les nota en la cara cuando, con un gesto de rechazo, le dicen que no tienen nada de suelto para darle. Él me sonríe, simpático, cuando me ve y me saluda efusivo: “Hooooola siñorita. ¿Cómo estás?” Entonces yo le pregunto por su jornada, y nos despedimos con una palmadita en el hombro. Cuando ya me he alejado unos cuantos metros, me giro y vuelvo a observar cómo la gente agacha sus cabezas cuando él pide limosna. Agachan la cabeza porque sienten culpa y pena, pero él siempre sonríe.


En el metro ocurren muchas cosas a diario: dos chicas se conocen y descubren que son el amor de sus vidas. Alguien se tira a las vías justo cuando el tren llega a la estación. Chaquetas que se quedan pilladas entre las puertas de cierre automático. Gitanas que gritan su conversación en el vagón del tren. Gente que se les queda mirando.
Las gitanas gritan que nosequién es un hijo de la gran puta. “Ojala Dios te castigue y te quedes inválido” dice la madre. “Ojala te se muera tu padre para cagarme en él y en tós tus muertos” Cuando las gitanas se han bajado, la gente, que antes se encontraba callada mirando el suelo, vuelven a levantar las cabezas para comentar la ordinariez, bajeza, vulgaridad y falta de educación de las gitanas. Quizás, el tío del que hablaban fuera de verdad un auténtico patán, pero a él no le han oído gritar en el metro.


He ido a hacer un cursillo de prevención de riesgos laborales para poder repartir unos zumos por el metro a cambio de unos cuantos euros. Cuando he llegado al lugar indicado, me han metido en un cuarto con muchas chicas, todas enfundadas en tacones de vértigo, maquilladas hasta la saciedad y preparadas para regalar zumos con su mejor sonrisa.
La primera página del taco de folios que me han dado era para poner mi nombre, DNI y firma. La siguiente, un pequeño examen tipo test con diez preguntas, y el resto, el temario de prevención de riesgos laborales.
Tiene gracia, porque me he cortado con el folio del examen. ¿Pido ya la baja?

miércoles, 16 de febrero de 2011

Carnaval

Él comía solo, paseaba solo y jugaba solo. Cuando ellos querían, él dejaba que se aprovecharan de su soledad; cuando él buscaba, jamás le invitaron a un mísero café.
Y cuando tuvo la oportunidad de comer en dúo, de pasear con charla y de jugar a algo que no fuera al ajedrez online, escogió su soledad para poder disfrazar, durante unos minutos al día, aquella falsa sensación de relevancia entre la gente y convertirla en una que le supiese a verdadera. Todo un carnaval diario.
Lástima.

Resultado:


Sabía que tarde o temprano su decisión acarrearía consigo consecuencias, e iban a ser funestas, aquello era algo de lo que no se podía dudar. Ni un movimiento sísmico, ni un tizón de grandes dimensiones, ni una lluvia torrencial eran peores sucesos. Pero, qué importaban las magnitudes de éstas. Lo que ella había decidido era, al fin y al cabo, lo que su mente y cuerpo deseaban y no pudo dejar escapar las continuas oportunidades que la vida le había otorgado para pecar… ¿pecar? La dimensión de su deslealtad había llegado a rozar la traición más pura. Traición a él. Traición a los demás. Traición e ella misma.

Ciertamente, y como si el destino insidioso le estuviera acechando durante todo momento, mostrando el camino hacia las mejores- o eso pensaba ella- casualidades de la vida, la oportunidad de dejarse caer una y otra vez bajo los enormes tentáculos de aquel a quien llamaba el hombre-pulpo, la fiera marina del que se había enamorado, había ocurrido, en cuantía, numerosas veces. Parecía que se le había asignado a alguien la tarea de calcular con exactitud la distancia entre ellos, sus horarios, sus plazas de coche en el aparcamiento de la empresa, sus compañeros de departamento, sus clientes… Las casualidades se calculan para que puedan hacer bien su trabajo.

Pero las casualidades no fueron las culpables. Si su vida se descarrilaba de la vía, era únicamente por su impericia. Y se maldijo por no poder culpar a nadie, por no poder decir “él suscitó todo”, “yo soy la víctima del juego”, “nadie me advirtió de las consecuencias”. No. Ella las conocía, y hubo un tiempo en el que se las replanteó y las analizó, las pensó y las odió, pero una vez tomada la decisión ya no había marcha atrás.

Y ahora, cada segundo que pasaba- tic-tac- era un segundo que se acercaba al desengaño. No al suyo, por supuesto.

martes, 8 de febrero de 2011

Nunca me río de nadie


Ya no sé qué decir. Las palabras no juegan a mi favor.

Mi boca despropicia frases absurdas que no tienen sentido y conjuga verbos que ni siquiera existen. Soy sintácticamente torpe, una negada de la lengua- en cualquier sentido que pueda tener esta palabra-, y para no parecer un adoquín, me excuso diciendo que reinvento el castellano, como la RAE, vamos.

Ya no sé qué decir(te).

Me exhaustas -¡y qué bonito no-verbo!-. Estoy cansada de tanto gritar tu nombre y no obtener respuesta. Intento idear estrategias para crear lazos entre nosotros, pero lo cierto es que tanta diplomacia me puede. Soy ruda y tosca, y además hablo mal y digo calumnias sin saber que lo son. Supongo que por eso no intentas tocarme, crees que soy demasiado tonta para ti.

Pero no me subestimes: si digo que soy tonta, no es para que te lo creas, imbécil. Me encanta hacerte creer que calculo nuestra distancia en kilómetros para que no te sientas cerca de mí y se te pegue mi necedad deliberada. Puede que sea idiota,- o que me lo haga- y puede también que no necesite hablar bien para que me entiendas, que de idiota tú también tienes bastante, pero es que ya no sé qué decir porque hace tiempo que no me interesas y que yo no lo sabía.

Tengo hambre, y el armario de las chuches está para algo...

domingo, 6 de febrero de 2011

Tributo a los zapatos de Elena


Si te paseas por nuestra pequeña ratonera, cruzarte y tropezarte con el follacolchón -vulgar nombre-, será lo primero que hagas.
Después no hay más que cables, migas de pan y zapatos estorbando en el parqué del comedor.
El resto no es gran cosa, pero los zapatos ya son unos inquilinos más que rondan esta casa y devoran ferozmente la nevera, como entes hambrientos, cuando llegamos de hacer la compra. Son azules y caminan sin pies, y, al igual que nosotros, tampoco han utilizado el follacolchón.
Cuando nos vamos, intentan seguirnos, pero todavía tienen que crecer un poco para alcanzar nuestro paso y es por ello que se quejan constantemente de su soledad en el piso.
Es cierto que no colaboran en la limpieza: cuando nos ven con la fregona o el escobillo, se quedan quietos, estáticos, uno debajo de la mesa y otro debajo del sofá, intentando que juguemos todos al escondite, pero ya han usado todos los estantes, jarrones y rincones posibles para encubrirse, que no hay manera alguna de que nos puedan burlar.
Cuando nos enfadamos con ellos, los castigamos en el estante con los demás zapatos de la casa, y cuando nos demuestran su madurez, los llevamos a pasear de los pies de Elena, como recompensa que se merecen.

viernes, 4 de febrero de 2011

Modestias aparte


Cuanto más conozco a los demás,
más me gusta como soy.

jueves, 3 de febrero de 2011

Retirados


Redibujas tu contorno en papel cebolla con rotulador. Te defines y redefines desde cantidad de perspectivas mientras te preguntas qué eres.

¿Qué eres?

Para mí podrías haber sido el valiente de capa y espada. Un hombre capaz de llegar al límite y traspasarlo sin haber derramado una sola gota de sudor- por lo menos no en público- y hacer que envidiase tu desdén.
Hubieras sido mi compañero y bailarín de ventana semanal y nos hubieran filmado cantidad de turistas japoneses hasta sentirnos famosos por formar parte del interés cultural y social de Madrid.
Podrías haber sido mi confidente; el corrector de mis guiones- que con tu ayuda siempre eran mejores-. Un cuentacuentos personal y profesional, con el que hubiera conocido la historia desde otro punto de vista.
Mi cereza roja favorita, mi guía personal por las recónditas calles de León y el Renoir fake de los museos.
Podrías haber sido un amigo espléndido.

Qué eres, te preguntas.

Todo un extraño...

martes, 1 de febrero de 2011

Tengo restos de pintura

Mi cuerpo es un cajón de sastre largo y amplio, capaz de desorientar cuando se lo propone.
En su longitud guardo todo lo que recibo, tomo y encuentro:
desde tu silencio devastador hasta los desperdicios del habla.
En éste cajón, las pasiones y apatías se presentan como descuidos de mi persona, y se hilvanan hasta formar cuerpos de ejército para combatir mi indecisión.

Se declaran en guerra para encontrar la paz, pero no pueden conmigo porque estoy hecha de esta naturaleza irremediable.

Y me encanta.

viernes, 28 de enero de 2011

El Megáfono

HAZ CLICK EN LA FOTO.

"El megáfono: todo el día dando gritos".
A las seis de la tarde.
:)

miércoles, 26 de enero de 2011

Estático


He suscitado todo,
y sería capaz de volver a provocarte
para encontrarme de nuevo con tu sexy voz.
Otro café, por favor,
que,
aunque me llevo muy bien con el sillín de la bicicleta estática del gimnasio,
necesito pasión con algo real.

No es nada personal si te persigo



No sé si sabes a qué me refiero,
pero tampoco importa demasiado:
tu inutilidad, torpeza e ignorancia,
no es ningún obstáculo para mí.
Cuando estoy entre focos y cámaras,
vuelvo a quererme más que nunca.


domingo, 23 de enero de 2011


Qué grandes son los domingos

martes, 18 de enero de 2011

Eat yourself


Hace tiempo ya que me acostumbré a Madrid y a sus días de invierno.
El viento ya no me parece tan frío;
las grandes avenidas se han hecho pequeñas,
y la inmensidad de las masas desapareció de las calles.

Ha pasado el tiempo, y ya es demasiado tarde para que vengas a verme esta noche.
Es demasiado tarde para que me invites a un café;
es demasiado tarde para intentar robarme la cartera,
es demasiado tarde para sentirme fría y sola.

Si me preguntas, te contesto;
si me buscas, te encuentro;
si me miras, te observo.
Pero no necesito nada de tus manos,
nade de tus ojos,
nada de tus labios
y mucho menos de tu sexo.

No tengo ganas de ti ni de nadie, ni de las aportaciones basura que me ofrecen esas conversaciones.
Hoy sólo tengo ganas de mí. Estoy tan rica, dulce y crujiente, que me comería a mordiscos en crudo, sin cocinarme.
Te reto a que intentes acabar conmigo.