sábado, 23 de febrero de 2008

DESBORDANDO SANGRE


Todavía algunas veces huelo a sangre. La tengo alrededor; mi bañera se desborda de ese líquido espeso rojo, las paredes están húmedas de ello, el cristal está salpicado de sus gotas y mis manos siguen ensangrentadas. Todavía algunas veces sigo llorando, algunas veces se apodera en mí el sentimiento humano del dolor, se mete dentro de mi cuerpo el espíritu del hombre y su inocencia y conciencia. A veces sigo incluso pensando en ella, en cómo, súbitamente gritó mi nombre pidiendo clemencia, y en como yo no se la otorgué.

A veces me pongo música alegre para poder olvidar. Pero sigo oliendo a sangre… Lloro sangre, sudo sangre, y veo lentamente caerse las gotas rojas de mi frente hasta llegar a ensuciar el papel donde ahora mismo estoy escribiendo. Huelo su perfume rociado de su sangre, su aroma acompañado del sufrimiento…
Porque miro el pasado, y recuerdo cómo el cuchillo que manejaba se clavó en sus entrañas, y seguidamente su cuerpo desgarrado yacía en la bañera; y recuerdo también cómo me lavaba las manos llenas de su sangre, a la vez que salpicaba el espejo de mi baño. Y como me miraba en aquel espejo con cara de psicópata y loco, de enfermo mental; mi sonrisa maliciosa, mi mirada malévola, pero tras eso, vi cómo el cúmulo de mi tristeza estallaba en diminutas gotas que caían de mi lagrimal. Y cómo tras eso, todavía lleno de rabia, estampé el espejo en el suelo y se quebró en millones de pedacitos, y eso hizo que en cada pedacito viera su cuerpo inerte y ensangrentado. Millones de cuerpos muertos… y a la vez uno sólo. Millones de bañeras desbordando sangre inocente, millones de cuchillos tirados en el suelo. Veía multiplicada por millones la misma imagen en aquellos trozos pequeños de cristal. Angustiado y sin poder soportar la presión, cogí uno de los cuchillos que veía (el real, por supuesto) y sin pensármelo dos veces, me lo clavé en el estómago. Minutos más tarde, morí; supongo que desangrado.
Pero a pesar de que el tiempo pasó (y aún muerto), sigue mi tortura, y mi tortura diaria no es más que el recuerdo de mi locura que le llevó a la muerte.

Laura Martínez.

9 comentarios:

saudade dijo...

Tu texto es desgarrador, él mismo pide clemencia.
Me gusta la forma...

Gracias por pasarte.
El contacto, por supuesto, está regalado.

Un beso fuerte (:

Intoxicada.* dijo...

Motífero,aterrador,desgarrador & profundo.
Me encanto tu texto :)
Seguimos en octacto,& como lo note en tu blog,tambien perteneces,al igual que yo,a la asosiación del buen escribir :D

Saludos *-*

•°¤*(£AURA)*¤°• dijo...

que buen post... alguna vez... hace mucho tiempo... mate a alguien en mi mente... la escena fue algo parecida... realmente creo que la mate... un saludo!!!

Laura

Reyex dijo...

Asesinato, suicidio... ¿que sigue?

Creo que solo estas dejando salir un poco de esa parte que todos los seres humanos llevamos dentro, de esa maldad que puede llegar a matar en segundo el fruto de la esperanza de toda una vida.

Saludos, Gracias por agregarnos en tus blogs. Espero te diviertas con lo que se escribe.

fabián dijo...

sangre!es vital por dentro;fatal por fuera.yo también eo sangre por doquier:en la mirada de un niño que tiene que vivir en la calle,en la de los drogadictos,los que no tienen nada porque nunca lo han tenido y los que lo perdieron todo...en fin veo sangre en cada ser humano en este planeta porque el camino a recorrer es tan doloroso como satisfactorio a veces...y hay quienes sangran por placer.
´como suelo hacerlo a ratos

Miguel dijo...

Muy buen blog, te animo a seguir en esa línea.

Pásate por el mío.

Un saludo

Aguabella dijo...

HOLA LAURA.
Aqui me tienes, de nuevo leo tu escrito y sigo diciendo....Estupendo.
mantenemos la comunicación.

http://aguabellasoyyo.blogspot.com/

El caballero de los espejos dijo...

Yo no tengo más que decir que me ha fascinado tu escrito, al leerlo, recordé a Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

Estoy fascinado.

Deva dijo...

Eres muy buena, y creo que no hace falta que te lo recuerde, simplemente magnífico, aunque el arrepentimiento no es lo que debería suceder, no es consecuente, no, a mi parecer.
La forma del texto, como decía, inmejorable. El contenido, muy bueno, pero no del todo real.