viernes, 25 de diciembre de 2009

Let it snow, let it snow, let it....


No nos besamos bajo el muérdago que la vecina tenía colgado en el porche, pero me dio igual.

Estas navidades están más llenas que de eso, y no lo digo por el pavo, turrones y repostería alemana, no.


La nieve cae despacio y densa, y la música suena por toda la ciudad.


Las mañanas son claras y, a pesar de estar a muchos grados bajo cero, el aire cálido invade el hogar- quizás porque la calefacción en esta época del año está puesta en su máxima potencia-.


Suenan villancicos (que por suerte no son españoles) y el mundo del cascanueces reaparece de forma real a las doce de la mañana en el reloj de aquella fuente en la plaza.


Los lagos se congelan y las niñas como yo patinan con paciencia y tranquilidad por el hielo mientras contemplan lucecitas brillar desde un abeto. Otros, sin embargo, hacen largos de un lado para otro y una doble mortal hacia atrás con sus patines de filo cortante.


El Grinch se ha despertado para robarnos los regalos y colarse por las ventanas, y tomó- ¿prestado?-todo lo que tenía a mano, pero no la alegría, no la frustración, no los sentimientos...


Y todos quieren ser ya gato jazz, para poder improvisar- y más canciones de la infancia- y reminiscencias escolares, y coles rojas que no comía y ahora se devoran. Como la bruja de Rapunzzel.

La esencia no terminó hace tiempo. El tiempo machacó la esencia, pero el olor del pino en el salón la ha devuelto. Así huele la Navidad; a brezel recién hechas, a Berliner Pfannkuchen rellenos de mermelada, a vino hirviendo, a chocolate con galletas, a azúcar glass… Dulce, dulce, dulce y blanca Navidad.

¿Quién se olvidó de ti? Siento, por mi parte, no haberte recordado hasta ahora.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

demasiada dulce..navidad..
vino hirviend??espero que sea en comida..xq xa beber ^^

Valebé dijo...

Qué linda entrada. La navidad del otro lado del mundo...
Saludos, y felicidades!