viernes, 11 de diciembre de 2009

El despegue y el sobrino (1)

Esta historia no tiene historia… como ninguna otra escrita antes. No tiene hilo, no tiene seguimiento, no tiene enganche. Sin embargo, allá voy yo- ¿tonta de mí?- a confiárosla, a contárosla y a tomarme las infructuosas molestias de redactarla para compartir mis legados en esta vida.

Sus comienzos, no muy remotos, toman sentido desde que la muchacha de cabellos rizados, voluminosos y desordenados- la misma de la que hablo siempre- se sentó en uno de los sillones del aeropuerto leyendo una novela de Lucía Etxebarría, a la espera de la llegada del avión.



Puerta nº 69, destino San Juan de Puerto Rico; críos adolescentes vacilando con la boca y una señora de edad madura, repeinada y repintada, de estas que hasta las cejas las posee perfiladas con eyeline marrón, el pelo de un tinte rubio platino y las camisas rojas bien planchadas, sin faltar, por supuesto, su pañuelito morado atado al cuello. Esas que van en clase Bussines y se regocijan de tu poco alcance económico, las mismas que piden champán para tomar con el caviar antes de despegar…

Eso y nada más, pero, de repente:


-¿Tú eres Laura?- preguntó la voz rasgada de un hombre que hablaba tras ella.


La chica se giró para ver de quién se trataba. Nada acorde con su voz, y desde luego tampoco con su aspecto, con aquella camiseta blanca ajustada y moldeada a su cuerpo y unos bluyíns caídos que dejaban al descubierto su slip, se encontraba el joven de 20 años del que ya había oído hablar anteriormente aquella mañana durante el desayuno. El compañero de vuelo de su madre había estado presumiendo de sobrino. “Es un pibón ¡Un pibón! Dos metros de altura, musculoso, rubio… Las trae loquitas a todas, las tiene por los suelos arrastrándose para llegar hasta él. Si solo hay que verle… Y lo veréis, vaya si lo veréis. ¡Menudo tío! Es deportista de élite… y musculoso, rubio, 2 metros de altura… ¡Locas todas por él!”


Mentiría si os contase que Laura no fantaseó con el chico, que se imaginó un viaje a Puerto Rico sin aventura emocional. Pero lo cierto es que lo que vio la muchacha en el mismo momento en el que se giró, no fue más que un tío de veinte años metido en el cuerpo de uno de dieciséis y con la voz de un adulto de 48.

¡Oh sí!… Era medio rubio y aparentemente alto… si lo comparabas con el resto de críos que viajaban con ellos, claro.

Sus dos metros de altura se reducían a 1’75, y a pesar de ser musculoso, mucho distaba la realidad de lo que la muchacha había imaginado, pues su cara de niño junto su chulería grotesca, creaba en él un desencanto descomunal.


-Sí, soy yo. Y tú eres…- se hizo la desinteresada, aunque fue lo peor que pudo hacer.


-David. Estudio periodismo en la complutense, por si lo quieres saber. Mi segundo año, aunque en realidad debería estar en tercero, un contratiempo sin importancia. Por lo que me han dicho, tú también estudias lo mismo ¿no? Bueno, pues en ese caso tienes que empezar a moverte, porque es en el primer año cuando hay que iniciarse y darse a conocer, pues en este oficio necesitas tener muchos contactos, muchos, muchos, y ser amigo de todo el mundo nunca viene mal, tú ya me entiendes… para los favores que te puedan hacer más adelante. El periodismo es lo que tiene. Yo ya voy servido en esa cuestión. Mi hermano trabaja en El Mundo y en La Razón en París y de vez en cuando me deja escribir en su web oficial algún que otro artículo. ¿Sabes que ahí escriben periodistas de renombre? Ahora mismo no me acuerdo de ninguno, pero métete y lo verás, ya te pasaré la dirección.


>> Además mi padre también tiene bastantes amiguillos y con esos me sobro porque tienen mucha importancia en el mundo de la comunicación. Uno de ellos es profesor en nuestra facultad. Apuesto a que me saco la carrera sin mover un dedo. El anterior año lo suspendí, pero todo por el deporte, ya sabes, me mantenía ocupado durante todo mi tiempo disponible y no podía hacer demasiadas cosas que no tuvieran que ver con correr o ir al gimnasio, pero, si no hubiera sido por esta razón, estaría ahora mismo un curso más adelante. Un profesor me puso el año anterior un notable alto sin haberme presentado al examen… Te lo presentaría, pero es una tontería porque a ti no te da clase… Lo conocí un día de discoteca, porque él en realidad es jovencísimo y compartíamos las mismas aficiones. En realidad también tiene todo que ver con mis grandes habilidades sociales... jajajaja


>>Pero tú, sin embargo, seguramente tendrás que asistir a los exámenes, así que no tomes ejemplo de mí, yo de ti iría a clase todos los días y me haría de notar. Eres nueva y es normal que todavía no conozcas gente, pero comienza ahora, antes de que sea tarde, a moverte, ya te lo he dicho.


>>Espero que después de haberte contado todo esto no me pidas ayuda: no pienso darte puestos de trabajos que me pertenecen a mí. Es que te acabo de conocer, Laurita, y aunque me has caído bien, ya sabes, el trabajo es mío y no sé si serías de confianza porque todavía no eres amiga de verdad.


>>En el fondo tampoco estoy seguro de si mis amigas son amigas de verdad o me siguen porque tengo demasiados contactos… Sí, sí, como lo oyes. Es que les paso gratis a todas las discotecas más chic de Madrid y en más de una ocasión me han llamado a las tantas de la mañana para que me acerque hasta donde ellas están y llamar a mi amigo para que las metan en zona vip. ¡Hay que joderse! A veces creo que sólo me quieren por lo que tengo y por lo que soy. Pero bueno, en el fondo son buenas chicas, y me ayudan en bastantes cosas… ahora mismo no recuerdo cuáles, pero seguro que algo han hecho.


>>En fin, que aunque parece que mi pasión en esta vida es el deporte- por esa cuestión de haber suspendido segundo año por el baloncesto- no es verdad, porque antes que todo, incluso que el gimnasio y el deporte, está la fiesta y el beber. A mí en realidad no me importa gastarme 30 euros en una copa si sé que me la van a poner en condiciones, del ron bueno o del vodka bueno…Pago 50 si hace falta. La bebida es exquisita, y las borracheras lo son aún más, y yo me lo puedo permitir porque soy deportista. Como juego al baloncesto, luego lo quemo todo, por eso no tengo ni una pizca de grasa. Mira, mira…


En este punto de la historia, David se levantó la camiseta para enseñar abdominales.


-Vaya, si que estás duro…- balbuceó la muchacha atónita con lo que estaba presenciando.


-Es que me encanta el baloncesto. Tengo incluso un amigo de la NBA, que por cierto, vive en Puerto Rico y tenía pensado ir a visitarlo, pero resulta que esta semana juega nada más y nada menos que en China… Una pena, pero da igual, porque lo vi hace dos meses en Chicago… Y nada, por aquí, aunque no esté él, saldré de fiesta por vieja San Juan aunque me vaya solo, porque yo he venido a este viaje para pillar cacho en realidad. ¡Me han dicho que las mulatas lo saben hacer genial! Y vaya, si es que, ya te digo, a mi no me hace falta pagar por sexo, no sé cómo lo hago, pero las tengo todas arrastrándose por los suelos…


Hubieron embarcado en el avión, saludado a los auxiliares de vuelo, sentado en sus correspondientes asientos, despegado, e incluso estirado las piernas dos horas después cuando todavía David no había terminado de contar su maravillosa historia. Ella escuchaba con absorción sus palabras y las medía una a una con bastante desconcierto. Cada frase que se sucedía era peor que la anterior. “Este chico no tiene límites” se decía Laura. "¿en qué momento de su vida canalizó tanto ego?" No era guapo, no era rubio, no medía 2 metros y desde luego no era interesante. No daba la talla en ninguno de los sentidos y la muchacha, con cierta resignación por no haber sido el hombre imaginado que ella esperaba, ese especie de sustituto en el que muchas noches- días y tardes también- se filtraba en sus pensamientos, ese mismo que imaginaba junto a ella paseando por la Gran Ciudad, compartiendo palabras banales o trascendentes, discrepando en opiniones, riéndose el uno con el otro, para finalmente entrarr en la habitación mientras se besaban, abrazaban, acariciaban y se quitaban la ropa rápidamente para acabar embistiéndose el uno al otro. No, no era ese. Ni lo sería nunca, porque Laura prefería mil veces que todo quedase en figuración antes que tener alguna aventura con aquel David polifacético. Porque David no era el chico, no, en absoluto, que Laura emplearía para sus trajines. No tenía ninguna papeleta para serlo.


-¿De verdad te gusta leer?- preguntó al ver que la muchacha sacaba la novela que hacía un par de horas leía sentada en el aeropuerto- Se te ve muy tranquilita, seguro que eres de las que también ve cine. Ay, pobre niña, si supieras que lo mejor de la vida es la fiesta… No lo olvides nunca… No vas a vivir mejor que entre vodka, ron y un buen par de mujeres… bueno, en tu caso hombres.


Esperando ya con impaciencia y aguardando el esperado silencio que desde hacía un rato echaba de menos, ese silencio que sería la gloria, sin aires grandilocuentes y palabras que inmolaban a su propio ser, Laura abrió la novela por la página correspondiente e hizo ademán de seguir su lectura. Pero en vano, el chaval no hacía otra cosa que hablar y hablar y no de algo interesante.

No más ego, se decía, no más gilipolleces. Ansiaba de verdad ese silencio que le transportaría a la trama de la historia de la increíble Lucía Etxebarría y sus famosos relatos eróticos implícitos en el mismo. Pero él, David, no tenía intención de acabar y dormir o leer o simplemente callar y marcharse y ver una de las películas que se proyectaban en el monitor del avión. Así que la muchacha optó por imaginarse su propia historia erótica mientras fingía que le escuchaba.


Ella siempre había soñado con montárselo en un avión, e imaginó, ¡vaya si imaginó!, un perfecto polvo pasional en medio de las turbulencias aéreas. Por supuesto David, no era el hombre de sus fantasías, así que, imaginando, se le vino a la mente el mismo hombre de todas las noches pasadas y se lo tiró. Primero en el baño, luego en la cabina de piloto y por último en medio de los pasajeros que dormían. Sí, la imaginación a veces era limitada y aunque sabía que lo del avión era muy típico, sentía que era, a su vez, enormemente mejor que escuchar el soliloquio de aquel idiota integral que únicamente sabía hablar de su vida.


-Porque hoy ya mismo da tiempo a salir de fiesta… Sí, sí, ¡Hoy voy a por todas!

Pero el avión aterrizó, tomaron el autobús, llegaron al hotel, subieron a sus respectivas habitaciones y él se quedó dormido antes de que pudiera si quiera deshacer la maleta.

Y entonces llegó el silencio deseado. Silencio que vino acompañado de una habitación en un hotel de lujo, de una playa en el caribe y un calor pegajoso que contrastaba mucho con el frío de Madrid. Y dejando atrás la expectante fantasía aérea, se durmió incluso con la luz del día… Pero eso ya da igual porque David se ha callado.

3 comentarios:

Miguel C. C. dijo...

Pobre muchacha de cabellos rizados, voluminosos y desordenados.
Menudo viajecillo a Puerto Rico le tocó.

Laura dijo...

jajajajaja!!
Miguelillo, que irónico :)

Juan Carlos dijo...

eso de volverse autista y fantasear en un avion..tiene merito!!xo bueno, yo fantaseo cada vez q me aburre algo a lo largo del dia..asiq aun te falta mucho pequeña saltamontes ^^