miércoles, 2 de diciembre de 2009

En la Puerta del Sol...

Hoy he visto a Rosana en Callao. Estaba cantando y mientras lo hacía ha mirado hacia el lugar donde estaba postrada y me ha sonreído. Creo que si le hubiera preguntado, hubiera aceptado tomarse un café conmigo. No, estas son palabras mayores. Pero sí que me miró mientras cantaba. Cantaba con solidaridad. Podrías cantar tú también; si quieres, si no, siempre te puedes dedicar a callarte. No hables, no menciones, no rebuznes, no silbes… Haz todo lo contrario, todo lo que no tenga que ver con abrir la boca. Camina, salta y pasea. Puedes también correr. No estás obligado, pero quizá te guste, como a mí me agrada delirar cuando estoy sola y también cuando no lo estoy.

Hoy me han dicho que soy la chica más peculiar que han conocido simplemente por el hecho de haber tomado mi libreta y este bolígrafo y haberme encaminado hacia algún lugar para escribir. No me he perdido porque al final he acabado en la Puerta del Sol, allí donde la gente pasea tranquila o camina a prisa; donde, en compañía echan fotografías al reloj o incluso al mítico Corte Inglés; donde caminan jóvenes con tendencia y también ancianas obsesas con abrigos de pieles de a saber qué animal… (¿visón?) Y que además gruñen quejándose de lo masificada que está Madrid.

En la Puerta del Sol existen también estatuas de bronce (que no humanos disfrazados) que se mueven cuando les echas una moneda. Los zapatos de tacón se contonean y los perfumes se huelen a distancia. Los chavales te piden una foto con ellos y los chinos te venden rosas, pero… “No gracias, no estamos enamorados” y se van, para no volver, o para volver siempre un día tras otro atosigándote para que compres, pero no me gustan las rosas, a mí me gustan las orquídeas.
¿Lo ves? Deliro, pero hay otros que deliran como yo: les hablan a unos auriculares y les cuentan su vida. Yo, sin embargo, estoy aquí sentada en una fuente hablando conmigo misma y regalándote mis vistas y sensaciones, por eso te pido a cambio que me cantes, o si quieres, podemos repactar el trato por un cruasán de La Mallorquina, aunque sé que mis letras no tienen tanto valor ni son tan exquisitas como uno de esos.

¿Puedes creerlo? Hoy he comprado poesía. Tal cual lo lees. Sí, a un señor que escribía por la calle.
Madre de Dios, pero ¿qué narices? Estos japoneses son la hostia, y yo que de verdad me había creído eso de ser peculiar…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

UUUUU soy anónimooooo (soy carlos...xD)
En fin, tenías razón... ya no te comento, pero es que me borré la cuenta, y tal... y ya solo paso a ver lo jodidamente bien que escribes... bueno, pues nada... hablemos por el messenger... bssssss

Belén dijo...

Aprovecha!!! yo echo de menos esos momentos de café y libreta :)

Besicos

Coraline dijo...

no importa cuan abarrotada de gente este, madrid siempre sera una ciudad magica (:

Juan Carlos dijo...

xlo menos no eres de los ejercitos de clones que llevan todos y todas la misma colonia, la misma ropa, escuchan lo mismo y piensan todos igual..yo desde aqu´a veces los observo..y me considero aun más peculiar por ir mirándlos xD