viernes, 11 de septiembre de 2009

Ausencia


El coche iba lento por los meandros que el negro asfalto de la carretera dibujaba en las laderas del monte. Papá conducía con los ojos bien abiertos porque el Sol ya había caído vencido por la noche, que, triunfante, se apoderó del cielo, trayendo consigo toda oscuridad.

Pude ver a papá amedrentado. Los chicos dormían y la mente de mamá estaba ausente de todos nosotros. Ausente, como desde hace ya mucho tiempo.

Rodaban las ruedas cuesta abajo y, mientras, el espejo maldito del alma reflejaba dolor.

Yo miraba para cualquier lado que no fuera al frente y, en contra de mi voluntad, allí me la encontraba de nuevo:


Ausencia de vida licenciosa.

Ausencia disoluta.

Ausencia de actos lacerantes.

Ausencia soberbia y absoluta.


Los chicos dormían, porque era tarde y la noche había cubierto el reino de los cielos, y el Sol huyó, y las estrellas no salieron y todo quedó negro y oscuro.

Y si hubiera sido por la mañana, ellos estarían despiertos y la ausencia, ahora envanecida, trataría de desvanecer en el frío clima del Norte. Sin embargo era de noche, y para distraerse, papá intentaba fijar sus cinco sentidos en la carretera.

Yo ignoraba a la ausente presencia mientras miraba ensimismada por la ventanilla. Y entonces me fijé que había salido lluna llena y que era la más grande que hasta aquel momento había visto y, redonda, comenzó a brillar su reflejo en el mar de plata.

4 comentarios:

Belén dijo...

Las ausencias siempre están, aunque estés muy acompañado...

Cuidado...

Besicos

Borja F. Caamaño dijo...

Viajes en coche, viajes por la vida, viajes sin más...

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.

Mery... christmas dijo...

La ausencia. Interesante. La ausencia de sonido es la definicón de silencio. La ausencia de actos lacerantes debería ser la de indiferencia (el peor de los sentimientos que se puede tener hacia alguien...).

Muy triste, pero muy bonito :)

Laura dijo...

:-) gracias