sábado, 5 de julio de 2008

La Orden Secreta (parte 1)

Los tambores sonaban. El redoble de la muerte como banda sonora. Sangre, mucha sangre por todos lados, nada más que rojo por los suelos, cielos, aguas, hasta incluso por los aires. El olor a bosque fue sustituido por uno tenebroso. La guerra había dado comienzo. Estaba en plena esencia, en pleno auge, en plena matanza. Nims contemplaba la batalla escondida, muerta de miedo. Cerró los ojos y rezó algo en su idioma.
-Nims, ¡¿Qué haces?!- gritó el intrépido Ruhan desde su caballo que la había visto y venía a protegerla. Corriendo todavía con el caballo, llegó hasta ella y la agarro de la cintura fuertemente para subirla rápido con él.- No es tiempo de rezar, hay que actuar. ¡¿En qué estás pensando?!
Ella sollozaba con impotencia.
-Los hemos encontrado, ¿Por qué no nos podemos ir ya?- dijo con una leve vocecilla.- Su trabajo es combatir, yo no puedo hacer nada.
Sentía el galope rápido del caballo y saltaba al son de su velocidad.
-Nims, no sabes lo que dices.- todo lo que se decían tenían que gritarlo para que se oyesen.- Estás asustada y no te culpo.
Nims seguía llorando.
-Míralos- dijo el muchacho señalando a cinco guerreros que ponían todo su empeño por salvar la batalla.- Son más valientes que ninguno, y todo gracias a ti.
-Yo sola no les he enseñado.
-No me refería a eso. Digo que gracias a ti los hemos podido encontrar.
El caballo seguía galopando adentrándose al campo de batalla. Ruhan desenvainó su espada dispuesto a luchar.
Entonces bajó a Nims rápido.
-No me dejes aquí.
-Volveré, te lo prometo.
-Eso si no muero yo antes.
Le sonrió montado desde arriba del caballo y con la mano extendida hacia ella para que la pudiese tocar quizás la última vez; entonces, se marchó, y allí quedó Nims, oyendo de nuevo el redoble del tambor, mientras observaba a los cinco guerreros más audaces de la batalla. Allí estaban: claros, fuertes, vivos y reales.
Pero tan pronto sintió los fuertes gritos de una persona muriendo que… despertó.

Su respiración era agitada y el sudor de la frente le caía, más que por el calor, por cómo había vivido el sueño.
Nerviosa y escéptica, se levantó rápidamente de la cama, se vistió con un vestido corto blanco y miró la hora. Eran las doce y media. Llegaba media hora tarde a la reunión con sus amigos y compañeros.
Pero antes de salir del castillo para ir al encuentro de ellos, se miró en el espejo, con repugnancia, como siempre. Detestaba su piel azul y su pelo blanco, a pesar de tener una cara dulce y hermosa. No había tiempo de estupideces, debía ir y contar que los había visto, lo malo sería decir que solo en sueños.
En cuanto abandonó el castillo se internó en el bosque. Su paso era firme y ligero, su expresión seria, y su encuentro con los demás, confuso.
Laura Martínez.

5 comentarios:

Jorge Luis Freire dijo...

escribes bastante bien, laurita
creo que te envidio
jaja

saludos

Perséfone dijo...

Menos mal que todo era un sueño...

¿Por qué siempre nos haces esperar para conocer el desenlace? jajajaja

Eres mala, que lo sepas.

Un abrazo.

Van Boto dijo...

Vaya, escribes de todos los géneros, eres una escritora todoterreno¡¡
Un saludo.

BORJA F. CAAMAÑO dijo...

Un saludo.

Respecto a aquello que me preguntabas sobre el mundo del Periodismo... sí, he de reconocer que está jodido. Pero no más que cualquier otro sector. Lo que debo decirte es aquello que propugnaba Bukowski a través de la voz de su alter ego Chinaski: "Si lo vas a hacer hazlo, te animo a ello. Pero si no estás dispuesta a darlo todo por tu sueño, ni lo intentes".

Hoy día todo está complicada, hay saturación de mano de obra supuestamente cualificada. ASí que debes hacer aquello que de verdad quieras hacer.

Especializarse no está mal, supuestamente es lo que buscan, pero también está muy valorado que un empleado sea capaz de realizar infinidad de funciones: llevar local, sacar totales de vértigo a personalidades de la cultura, mano izquierda con los políticos (que al fin y al cabo dan de comer a los medios), nociones de economía, ...

Ten en cuenta que para un empresario pagar una nómina y no tres es un plato suculento.

Sin más, ánimo y al toro, sigue ofreciendo tan buenos trazos de tu prosa y no te asustes por cuanto te he dicho. Tan sólo son necesarias unas cuantiosas dosis de voluntad.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.

LiterataRoja dijo...

Lau, agradezco haber pasado por aqui y haberme encontrado con letras tan grandiosas.

Mis felicitaciones!!