y me gritan que por qué no he pedido cita previa
Debí apuntar el código de referencia
Y no me mires así, a lo Hollywood
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Sylvia von Harden, Otto Dix. 1926 |
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¡Tadzio, oh Tadzio! |
Lo supe en cuanto me vi. Los espejos me lo dijeron con voz de locutor de radio. Porque hablan, como hablan los hombres de gafapasta y pelo alborotado, pausados y profundos. Pero tanta profundidad queda al ras de la tierra. Cántame, le digo al reflejo de los escaparates. Cántame, escúpeme, detéstame, como detestan los fumadores haber perdido el mechero. Ya no tengo fuego. Me vi y lo supe. He perdido la llama de andar en tacones y pintarme de rojo los labios. Duermen aletargados en días de cafés y noches de vino. Y tú que me dices que la vida no está para pensarla. Y yo que me pierdo, me atrapo en el tiempo rememorando una fecha y unas horas. Yo me calzaba de antiromanticismo y tú me cubrías de piel. Nos abrazábamos y éramos dos. Eso me encantaba. Y ahora que ya no sé dónde estás, me siento uno. Con lo que a mí me gustaba la mesa con dos cucharillas y dos terrones de azúcar. Siempre he dejado que cogieras el mío. Soy amarga como el mate. Una tostada y un corto de café. Nunca pedimos otra cosa.
Mancillamos la calle, limpiamos la cama, y sólo se me ocurre escribirte que cuando se destapa, ya no se siente la misma. Me achaca la culpa de haberte perdido. Pero yo nunca te he perdido, siempre acabas buscándome, a la distancia, para decirme que me deje de mirar en los espejos.