jueves, 18 de septiembre de 2008

La huella de los años


La amargura comenzaba en su mirada. Ésta fluía por su casi descompuesto cuerpo; se esparcía en todo el ambiente, y se impregnaba allá donde sus pies dejaban huella.
Su felicidad, volátil, y su cordura, perdida. Cada arruga de su cara era una marca de los años, y cada año, una marca de su desdichada vida.
Laura Martínez

6 comentarios:

Belén dijo...

Las arrugas no tienen por qué ser sinónimo de sabiduría y entereza... hay veces que no son mas que una marca mas de la vida...

Besicos

Perséfone dijo...

Pero también de la experiencia...

Un abrazo.

david guzmán dijo...

es que me dan cosa tus entradas, quisiera saber que es eso que tanto alborota la vejez de tu juventud, la amrgura de tu felicidad y que te mueve la cola de perro que pende de la yegua que resultas.
besos

David Carrascosa dijo...

Más arrugas que muescas tiene la barra de un bar.

Me legro de lpremio que has recibido, sin duda lo mereces!!

UN ABRAZO!!

JaviC dijo...

Es bastante triste, ya nos podemos poner todos las pilas para que nadie se pueda referir a nosotros así dentro de unos años...

JuaKo! dijo...

Las arrugas en la piel son vida, son momentos pasados y experiencia.

Por cierto, estoy de acuerdo en eso de que la monotonía es muy mala. Mi relato era irreal, aunque escrito en primera persona.

Un abrazo Lau ;)