Nunca nada ha superado la profundidad del mar.
ni la infinitud del universo,
ni la vileza de estos versos
ni la impiedad del frío yeso,
que irradia en las paredes nuestro astro al brillar.
Nunca nada ha superado la serenidad del silencio.
Ni el chispeante fuego ardiente
Ni tu compostura paciente
Ni la noche más relente,
Que humedeció con sus labios aquel perpetuo beso.
La infinidad se escapa,
como el humo entre mis manos:
efímero, fugaz y decrépito
La infinidad se escapa
entre la vida lacerante y perecedora;
convive entre la finitud del tiempo
y los viejos recuerdos,
que se balancean levemente en aquella mecedora.
Nunca nada ha superado la profundidad del mar.
Ni la plateada luz de luna,
Ni el amargo llanto que proviene de la cuna,
Ni el alma que arroja al camino su pesar.
Allá en el universo, hay pozos sin fondos,
y en la tristeza, mates amargos,
y dolores de hierbabuena
heridos a fuego lento.
No me contento con mi poca aspiración.
El fondo del mar y los misterios que desata
siguen siendo el mismo cuento:
la historia que deslumbra sirenas y tritones
y malvadas brujas que no tienen corazón.
Foto: tomada en Cangas do Morrazo. Playa de Rodeira.





