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"Contigo" Marina Anaya |
Se enciende la luz. El salón está desordenado. Los cojines
han acabado en la otra punta de la habitación. El sofá no está encajado en su
esquina. 56 cm
de separación con la pared. Ladeado. Hay cera derretida en la mesa de mármol
por las velas ignoradas. También envoltorios- 4 ó 5- de preservativos
esparcidos por el piso. La Chica está desnuda, tumbada en el sofá rojizo, con la
cabeza mirando al suelo y las piernas estiradas y apoyadas en la pared melocotón.
El Chico ha ido a limpiarse al baño. Ella piensa que también debería. De repente
se oye gritar desde el aseo:
CHICO: ¿No tienes toallas?
CHICA: (mientras juega con sus pies en el respaldo del sofá)
Mira en el armario de la izquierda. Creo que ahí tienes un par.
Se oye el abrir y cerrar de las puertas de los armarios, la
búsqueda dura un rato. [Pam, pam, pam]
CHICA: ¡Oye no me rompas el mobiliario, capullo! ¿Qué son
esos portazos?
El Chico no contesta. Después de unos segundos llega
corriendo hacia el comedor. Sus pisadas son largas y evocan patosidad. Él, también desnudo, entra con una toalla en
la mano. Su miembro todavía está erecto.
CHICO: ¡Mira, mira! (apoyando la toalla sobre el pene) ¡A
que es una pasada?
CHICA: (se ríe) Eres idiota. No puedo creer que tengas la
edad que tienes. ¡Pareces un crío!
CHICO: ¡Pero si es divertidísimo! (pone las manos sobre su cintura
y empieza a realizar movimientos discoidales) Aguanta la jodida, ¿eh?
La Chica deja su reversa postura y se endereza. Por un
momento ve chiribitas por la habitación y se marea. Cierra los ojos y apoya los
dedos en los párpados. Siente cómo, al lado, el sofá se hunde. El Chico se ha
sentado junto a ella. Le da un beso en la frente.
CHICO: Vamos, no es para ponerse así- bromea- con lo de la
toalla sólo quería sorprenderte.
CHICA: (ríe de nuevo y le propina un manotazo –cariñoso- en
el hombro. Hace una pausa antes de hablar) ¿Cenamos algo? Tengo hambre. Además,
deberíamos irnos, mis abuelos llegarán en poco.
El Chico asiente. Sugiere cocina hindú o pizza. Ambos se
levantan para recoger la ropa y vestirse. Cuando toma el pantalón que cuelga de
la silla, él canturrea una canción:
CHICO: (de fondo durante toda la escena) quiero ser tu perro
fiel, tu esclavo sin rechistar, que luego me desato y verás, a ver qué me dices
después, so payaso, me tiemblan los pies a su lado, me dice que estoy descolorío,
la empiezo a besar…
Están de espaldas. La Chica se viste mirándose todo el rato
en el espejo del tocador. Antes de ponerse el sujetador, se contornea los
pechos. Se los levanta desde la zona superior con los dedos índices, luego saca
los hombros hacia fuera. Le encanta la forma huesuda de la cintura escapular.
Se toca la clavícula y piensa que le gustan las sombras creadas en su cuello. Ella
anda todavía a medio vestir. El Chico ya ha terminado y se dedica a recoger.
CHICO: a ver qué me dice después, so cretino, me tiemblan los pies a su lado, me dice que estoy desconocid... Oye, ¿no habíamos utilizado cinco?
CHICA: (volteándose y dejando a espaldas el espejo) Sí, ¿por
qué?
CHICO: Joder, mierda, falta uno. Ni debajo de la mesa, ni debajo
del sofá. Mira tú debajo del tocador.
La Chica se agacha para buscar el envoltorio del preservativo
que falta. No encuentra nada, pero sugiere que da igual. Termina de vestirse. Recoge
su bolso, se asegura de que lleva todo: llaves, móvil, cartera y agenda. Después
de un repaso visual por el salón, dan el visto bueno desde la puerta del
comedor, ya a punto de dirigirse hacia el pasillo. Se besan con los ojos
cerrados. Se abrazan.
CHICO: (mirándola fijamente) Eres fantástica.
CHICA: (riendo) ¡Y tú un llorica!
Le dan al interruptor de la luz. El salón queda a oscuras. Una
luz en el lado derecho del escenario, más tenue y que procede de otra
habitación, deja entrever el sofá bien colocado y los cojines en su sitio. Se
oyen pisadas durante unos seis segundos. Más tarde, el rechinar de la puerta
con algo de reverberación. Se apaga la luz tenue. Se oye un portazo.