jueves, 8 de enero de 2009

Vuelo destino: Quito (1)

Basada en hechos reales.
Ya nada podía ir peor. Yo intentaba mantener los ojos bien abiertos para apartar a un lado el miedo y creerme yo mismo que la valentía reinaba en mí, y morir, si así lo decidía el destino, con algo de clase. Pero la pistola en la sien y el miedo a que ésta se disparara era muchísimo más fuerte que cualquier sentimiento de honra, orgullo y coraje. La vida me pareció mucha más compleja ahora que la muerte amenazaba con rabia.
El calor húmedo y pegajoso de Quito, junto con la angustia que le tenía a morir, hacía que el sudor me cayera de la frente y empapara el polo blanco de manga corta que acababa de comprar en el hotel. La claridad entraba desde un extremo de aquel tunel que parecía no acabar nunca y donde unas viejas e inhabilitadas vías férreas lo atravesaban. Nadie pasaba por allí; poco a poco la tarde se iba consumiendo, y de noche, la muerte atormenta mucho más.
Habían cuatro extraños: tres nos apuntaban a cada uno de nosotros con una pistola, a mí en la cabeza y a las muchachas en el costado. El otro hombre, también con un arma en la mano, gritába órdenes y vociferaba casi histérico cuando, torpes, los otros tres incumplían lo que se les decía.
Cada vez que miraba a aquellas dos pobres chicas, daba gracias de que no estaba solo; morir en compañía me daba algo de fuerzas.
Mientras nos adentraban en aquel largo túnel, y nos agarraban con fuerza por los brazos para que no escapáramos, las dos muchachas gritaban desesperadas que nos dejaran marchar, pero aquellos cuatro extraños parecían no escuchar a sus plegarias. Se reían cuando veían el miedo en sus ojos, escupían en el suelo y luego seguían vociferando, empleando un mal lenguaje, que nos callásemos la boca. Sí, sin duda, no moriría solo, aunque lo cierto era que cualquier cosa que hicieran con nosotros, era fructífero para ellos. Quizás nos matarían y venderían nuestros órganos por cuatro centavos, o quizás a mi me robaban y me mataban asecas, y a las chicas las violaban o las prostituirían para ganar dinero fácil, mientras ellas trabajan en penosas condiciones sin asistencia ni revisión médica y con maltratos físicos y psicológicos, así como condiciones de mala higiene.
-Porfavor, no nos hagan daño-decían ya con apenas un hilillo de voz audible.
Los hombres seguían riendo mientras jugaban a apuntarnos con las armas.
-Cójanlo todo, pero déjenos ir.
Encolerizado de oírla suplicar, el extraño 4 alzó la mano y su pistola, a la vez que disparaba.Pero ninguna bala salió de ella. La muchacha de tanta angustia, devolvió toda la comida. Había visto la muerte tan cerca, que en un instante su mente se vió en la otra vida y su cuerpo perdió el control
-¿Para qué disparas, imbécil?- vociferó el extraño 2 con aquel típico acento latinoamericano .- Muerta no nos sirve.
-Calla, era para hacerla callar. Me estaba poniendo de los nervios.
Fue entonces cuando me armé de valor.
-Cobardes, abusáis de ella porque el miedo la paraliza. Dejarlas escapar y quedaros sólo conmigo.
Luego me arrepentí de tal acto. Primero, porque me disgustaba la idea de permanecer solo en aquel lugar con aquellos cuatro hombres; y segundo, porque el extraño número 2, que me agarraba del brazo tan fuerte que lo tenía ya amoratado, comenzó a golpearme en el vientre con su rodilla hasta hacerme vomitar sangre.
Comencé a recordar a mi familia en Madird. Seguramente deberían estar pensando que yo estaría en el hotel de la capital descansando porque mañana pilotaría 10 horas seguidas en un avión con 300 pasajeros, doce personas en la tripulación- y algún que otro chihuahua que se solían traer los de preferente- destino a casa. (...)
LauraMartínez

3 comentarios:

Belén dijo...

Por dios, que cosas suelen pasar si te metes en líos, porque este mozo se mete en lios eh? aunque la familia no lo sepa...

Besicos

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

¿De verdad está basado en hechos reales?

Lau dijo...

Sí, es una historia que le pasó a un compañero de vuelo de Iberia de mi madre. Creo que a ella no le ha tocado volar nunca con él, pero ya sabes, las histaorias de este tipo pasan de boca en boca. La seguiré narrando..