martes, 13 de enero de 2009

La Cuerda

Mis enromes y rasgados ojos verdes recorrieron asustados la habitación. Primero vieron la diminuta ventana de aquella buhardilla por donde la luz de la luna, brillante en aquel cielo negro, penetraba iluminando justamente en su cabeza. Después se fijaron en las escalerillas de metal, caídas y tiradas en el suelo de madera.
Tragué saliva. El silencio de la noche- y la viva madera que crujía de vez en cuando en aquel silencio- me atormentaba, incluso más que haberle visto de tal manera.
Aquel cuerpo inerte colgando del techo se balanceaba al son del poco viento que entraba por la ventana aquella fría noche de noviembre. Observé amedrentada la soga atada en aquellas vigas de madera y su cuello ahogado y lleno de cardenales. Sin dar crédito a lo que veía, creyendo que todo no era más que una horrible pesadilla, cerré la puerta repentinamente.
Respiré y me llevé las manos a la cabeza echando mi alborotado pelo hacia atrás. Despacio, volví a abrir la puerta para saber que la figura colgante había desvanecido y que todo lo anterior había sido fruto de mi infinita imaginación. Mientras lo hacía, notaba el fuerte latir del corazón. Sístole-Diástole, sístole-diástole, sístole-diástole. Lo sentía subir por la garganta y también cómo se volvía a deslizar hasta su cavidad. Pero nada había sido mi creación, Él seguía allí, colgando del techo y con la cabeza morada. Fue entonces cuando vomité el corazón entero y lo sostuve palpitante entre mis manos. Intenté gritar hasta que se me desgastara la voz, pero, sin comprender nada, me había quedado muda.
No había nada que ya pudiera hacer. Todo se había ido, o mejor dicho, había huido lleno de pudor. Quitarse la vida era cruel y egoísta. Muy egoísta. Pero ¿Por qué lo había hecho? Era algo que no podía concebir por mucho que intentara hallar una razón, y, además, en aquellas condiciones en las que mi mente estaba totalmente suspendida, era, irremediablemente, una estupidez buscar una razón cuerda. Me estremecí tras pensar esto último y miré de nuevo hacia arriba en busca de la soga.
Cuerda…Cuerda… Cuerda… y luego más tarde, muerte.

5 comentarios:

Elle .* dijo...

Sus motivos del porque se suicido serán un misterio, pero más terrible que su muerte fue la impresión que se llevo la expectadora.
Muy buen escrito, como siempre (:

Belén dijo...

Sabes mejor que nadie como transmitir el agobio, niña...

Que pasada...

Besicos

Lau dijo...

Gracias a las dos :-)

Borja F. Caamaño dijo...

Llegué a sentir algo parecido, cuando aún fumaba a diario y sin límite, una mañana al levantarme llegando a creer ver uno de mis pulmones escapando ennegrecido de la habitación.

Entre tosidos conseguí reponerme y suponer que era una visión, por las lágrimas del esfuerzo al toser, pero todavía hay días en que dudo sobre si tengo uno o, tal vez, dos pulmones...

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado xiqueta.

J dijo...

Joder, Lau, qué mal rollo me ha quedado. Voy a echar una cervecita a ver si se me pasa.

;)

Un saludo.