martes, 23 de diciembre de 2008

Claros y rotos (2)

(...)Y sin más remedio, Laura siguió dándole pequeños sorbos a aquel té pakistaní, mientras escuchaba a sus amigos hablar de un tema al que ni siquiera estaba prestando atención.
Una vez en casa, se puso el pijama, acarició a Peca, su gata, y todavía con el olor a menta, se acostó.
Lo que aquella noche soñó la desconcertó un poco. No fue bonito, ni feo, simplemente algo extraño. En su mente se vio con un personaje que una vez hubo en su vida: el chico de los pelos de oro y de los vaqueros claros y rotos. Más que soñar, volvió a recordar el pasado, sus momentos junto a él un verano casi igual de extraño que el sueño, sus encuentros confusos llenos de dudas y que desembocaban siempre en el mismo vicio.
En el sueño se acariciaban, se besaban, se mordían… y con cada paso que daba uno, descubría del otro, recovecos que siempre parecían inexplorados. Era como el juego de adultos, la fruta prohibida del árbol descubierta una y otra vez, como si nunca antes lo hubieran hecho. Lo raro, era que cada quince minutos se volvían a distanciar, así una y otra vez y el tiempo pasaba y era el mismo juego de siempre.
Se despertó sobresaltada y algo aturdida. ¿A qué había venido aquello? Hacía mucho tiempo que nos sabía de él y que no pensaba en él. Todo había terminado, había muerto, ¿por qué resurgió de la nada su recuerdo? Su gata andaba por allí maullando.
-¿Qué me pasa, Peca?- le preguntaba mientras su cabeza le martilleaba. Y ya no sólo por el sueño, últimamente se había obsesionado en estar acompañada.
Suspiraba muchas veces seguidas durante el día, mientras pensaba que su vida daría un giro y que saldría de aquella normalidad que se había convertido en monotonía.
Al día siguiente, se levantó con dolor de cabeza. Se preparó un café bien calentito y espumoso y se sentó en el balcón- acristalado, si no el frío del invierno la congelaría- a contemplar el parque solitario. Las hojas de los árboles que el parque tenía, ya habían caído todas durante el otoño, y se habían acumulado en las aceras, formando riadas doradas que parecían mover sus aguas de verdad. De repente, un ruido le sobresaltó.
‘Pi-pi-pi-pi-pi’ sonó y vibró su móvil. Un mensaje. (...)
Laura Martínez

5 comentarios:

Belén dijo...

Ahhhhhhhhhhhhhhhhh no será de él????????

Besicos

Lau dijo...

Hasta mi llegada de Caracas (27) no tendréis la continuación- en caso de que la queráis, por supuesto.

Un beso a todos y a Belén ,más especial(k)

A, y Feliz Navidad

Miguel A. dijo...

Vas a Caracas? Feliz Navidad. Te recomiendo mi artículo de hoy, día 23/12/08.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Te deseo, con mi afecto, unas muy felices fiestas de Navidad en la que para vosotros reine, especialmente, la felicidad y que os vaya llegando, lentamente, un 2009 cargado de alegrías y muchas sonrisas. Espero que os llegue siempre una inmensa sensación de paz y de fraternidad que os permitan que en vuestra vida reinen los mejores sentimientos y las mejores actitudes. Especialmente os deseo una maravillosa cena de Navidad y un 25 de Diciembre muy especial en el que nunca olvidéis que “hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida” (proverbio chino). Con mi cariño, ¡FELIZ NAVIDAD!

Cecilia Reynal dijo...

Hola Lau, hace mucho que pasaste por mi blog, y por esas cosas de la vida, hoy releo tu mensaje y senti ganas de escribirte.
Escribis muy bonito por cierto, me atrapa tu forma de narrar.
Yo estuve escribiendo un poco, en "tesigocontando" mi nuevo blog, hace mucho que no dibujo. No solo me mudé a Marsella sino, que también etoy esperando mi primer bebé para mediados de Enero, asi que como veras, todo un cambio. Y ti, en qué parte de España vives?
Espero tengas felices fiestas,
sigamos en contacto,
Ceci.