lunes, 20 de septiembre de 2010

Alguien tenía hambre.


Y di otro bocado.
Parece que el segundo siempre sabe más rico.
Es más contundente, más copioso y más sustancial,
y además juega a enredarnos.

Y enredándonos te huelo desde más cerca,
y me convence para que pruebe tu oreja, tu cuello, tu hombro, pezón y abdomen,
y desenreda así la silenciosa situación del primer mordisco recatado.

Sabes mejor que hueles,
y es recién sacado del horno,
calentito, crujiente, embadurnado con sirope de chocolate y cocinando todo el calor
como más me gustas.

*Ding-dong*
Fui a casa del vecino a pedirle un poco de azúcar

1 comentario:

Enac Clavijo y Viera dijo...

Si todas las visitas fueran como esa estoy segura de que nos visitaríamos todos más a menudo! Buena entrada!

Un besín