martes, 17 de enero de 2017

20

No éramos dos,
sino cuatro

Bebíamos Whisky
y consumíamos
Marlboro.
Nos reíamos
de los toros,
Las Ventas,
de todos los
demás.

Nos tumbábamos
en suelos
pegajosos
de un
piso interior,
sin ventanas
ni ventilación
y leíamos a
Bukowski
porque
creíamos
ser capaces
de vivir
como él,
entre genitales
ajenos
y pesadumbres
alcohólicas.

Los veinte
nos hacían
bravos,
o el calor
de septiembre,
no sé.
Andábamos
con medias
nalgas
al aire
y con los
pechos
descubiertos
mientras
rompíamos
camas
de metro treinta.

Todas las
teorías
sobre el
universo
parecían
fascinantes.
Al acabar,
nos tumbábamos
de nuevo
en el suelo
pegajoso
para imaginar
estrellas
en el

techo.