domingo, 20 de marzo de 2011
¡Damn!
De repente los recuerdos se postran arrogantes y sin invitación en el umbral de la mente, como aquel que llega a la cena con botella de vino en mano pensando que con eso soluciona la incomodidad de su presencia.
La memoria es todo lo que nos queda, y todo lo que no queremos. Nada la para, y por mucho empeño que pongas para derruirla, su firmeza la mantiene en pie. Finalmente desistes y caes bajo las zarpas de esa maldita pregunta que te haces cada vez que oyes su nombre.
No se trata de lo que una vez pudo ser. No se trata de desamor. No se trata tampoco de penas ni penumbrias. Posiblemente tampoco se trate de tormentos o nostalgias, ni de vísceras palpitantes que se encogen rápido, acechando el desengaño.
Se trata de patinar sobre mis propios argumentos, desalentándome con cada porqué que retumba en mi cabeza suscitando la idiocia.
El tiempo corre rápido y llega a la meta con horas de adelanto porque tú has caído de bruces al suleo al tropezar con aquel viejo tronco caído.
Pero dejo el romanticismo a un lado, que no estamos en el siglo XVIII y yo ya soy mayorcita para memeces de este calibre.
Esta tarde me voy de aquí. Y volveré a volcarme en lo único que hoy por hoy me excita -en cualquier sentido de la palabra-.
Madrid está llena de pasiones como para desaprovecharlas.
P.D. Te prometo que no volveré a evocar tontamente mis inseguridades.
Maldita sea.
jueves, 17 de marzo de 2011
¡Qué pena!
lunes, 14 de marzo de 2011
Mi nuevo despropósito

Confundo a menudo el nombre de la serie de “Motivos personales” con el de “Asuntos propios” un programa de radio.
Natalia Nadal, la protagonista de la serie de periodismo de investigación, es una mujer guapa, decidida, independiente y lista. Algo así como un ejemplo a seguir.
Muchas veces Ezequiel me compara con ella. “Así serás tú”
martes, 1 de marzo de 2011
Carencia

Cuando el verdugo se quita la capucha, camuflándose con el resto de individuos, ya no es verdugo y llora temblando porque cree haber perdido toda seña de identidad.
Tú nunca has sabido quién eres- ni siquiera con capucha puesta- y nunca te ha preocupado; pero, ahora, que has caído de bruces y te has topado con la vergüenza (o quizás con alguna revista de moda) pruebas con todos los zapatos, pantalones, camisas y camisetas posibles para ver si alguna prenda te define. Buscas canciones, discos y cantantes; bares, terrazas y barrios; amigos, amigas, mapaches y monos de feria, pero no entiendes que forzar el hallazgo de la magnificiencia es de lerdos.
Creo triste que no lamentes las horas perdidas buscando y encontrando algo que tampoco tiene autenticidad.
No eres nadie, y nunca lo has sido.