sábado, 9 de enero de 2010

Caos por segunda vez.


Caos de nuevo. Desearía con toda mi alma dar media vuelta y marcharme, pero, sin nada que se pueda hacer, quedo tiesa como una estatua mirando cómo pasa lo que deseo no desear.


Sí. Veréis, no sé si me explico bien o no, en realidad siempre he sido un poco inepta para estas cosas estúpidas y banales que no tienen importancia alguna, pero lo que he querido decir desde la primera línea ininteligible y absurda que he escrito, es que yo solita me limito.

Me limito a dejarme arrastrar por el caos.


¿Sabes? Yo sí que creo en dioses, diosas y estrellas que guían, al igual que creo que inmolando mi alma y mi mente por unas horas- efímeras y caducas- contigo no es la mejor manera de regresar a… ¿mi lugar?

Quiero decir… ¿de verdad tenías necesidad de venir y besarme, acariciarme, hacerme el amor… abrazarme? Ahora no tengo más remedio que echarte de menos en contra de mi voluntad sin ni siquiera saber si tú pensarás en mí. No es justo.


No quiero evidenciar lo opio, ni dejar vulnerable mi persona, pero recuerda que una vez tu boca supo a mí, que tus manos me agarraron al galope y que todo esto es culpa tuya, porque yo te avisé, pero no hiciste caso y preferiste embelesarme.

Tramposo.

3 comentarios:

Juan Carlos dijo...

el caos puede resultar muy dulce a veces..

Borja F. Caamaño dijo...

Supongo que todos somos un poco tramposos a veces...

... o incluso siempre.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.

Coraline dijo...

hay cosas que no podemos evitar, un sólo momento y zas! cambia todo alrededor... pero a veces el caos que sigue después puede venir acompañado de cosas mágicas, si sabemos encontrarlas (: