
Hace tiempo ya que me acostumbré a Madrid y a sus días de invierno.
El viento ya no me parece tan frío;
las grandes avenidas se han hecho pequeñas,
y la inmensidad de las masas desapareció de las calles.
Ha pasado el tiempo, y ya es demasiado tarde para que vengas a verme esta noche.
Es demasiado tarde para que me invites a un café;
es demasiado tarde para intentar robarme la cartera,
es demasiado tarde para sentirme fría y sola.
Si me preguntas, te contesto;
si me buscas, te encuentro;
si me miras, te observo.
Pero no necesito nada de tus manos,
nade de tus ojos,
nada de tus labios
y mucho menos de tu sexo.
No tengo ganas de ti ni de nadie, ni de las aportaciones basura que me ofrecen esas conversaciones.
Hoy sólo tengo ganas de mí. Estoy tan rica, dulce y crujiente, que me comería a mordiscos en crudo, sin cocinarme.
Te reto a que intentes acabar conmigo.