martes, 27 de abril de 2010

Vértigo


Tus ojos, tus manos, tu risa y tu sensatez están en alguna parte. No por aquí.
Los días pasan con demasiada rapidez en estos lugares, tanto, que todavía no me ha dado tiempo a olvidarme de ti.
El mundo no tiene sentido alguno, y solamente en su sinsentido es un lugar seguro para decir que te volveré a ver- con más ganas-.
Tu desmesurada no-presencia me supone un alto riesgo de psicosis y paulatinamente creo sentir la necesidad fatalista de aniquilarte.
Total, un meteorito nos arroyará a todos en el 2012.

Lionel, utilizo tu fotografía ;)

domingo, 18 de abril de 2010

¡Bastaaa!


El sitio donde me escondo es un lugar seguro. Aquí tengo lo que más quiero: edificios imperiales que me dan los buenos días cuando me levanto, parques gigantes con muñecos de trapo que se ríen conmigo, palacios de piedra nívea y pulida, arte en cualquier esquina de las calles o estampidas de humanos a quien entrevistar en mis reportajes.
Me refugio entre los sueños que siempre tuve y que ahora se han convertido en rutina.
Y amo mi día a día, porque aquí tengo lo que más quiero: desayunos universitarios, sentimiento de vida propia, emociones enfáticas, llantos de alegría, sensaciones inexplicables y… y a ti.
Te tengo a ti, que no preguntas si vengo o si voy.
Tú, que te lanzaste a esta aventura sin saber que iba a ser tan emocionante.
Tú, que me soportas en mis días más alegres, y en mis días de bajón; cuando estoy cerca de ti y cuando te tengo a veinte mil leguas.
Tú, que no dudaste en confiar en mí como amiga.
Tú, frío y distante, que me muestras que me quieres sin besos, sin caricias, sin abrazos…
Tú, que has estado conmigo cuando te necesitaba y cuando no te necesitaba en absoluto; que has soportado mis caprichos, mis melodramas, mis rabietas, mis historias…
Tú, que todo lo sabes de mí.
Tú, que todo me lo cuentas…
Hoy cumples un año más, y, a pesar de haber dado el discurso más improvisado, aburrido y etílico de mi vida,- sobre ti, claro está,- te dedico hoy el ‘gracias’ que nunca te he dedicado por ser mi compañero, ya no sólo de pasatiempos y de residencia,… sino de vida.
Eres la frase que no sé acabar, el oído que no utilizo, mi ojo que no ve. Eres mi canción preferida, mi banda sonora de diario, mi guionista de la serie…
De sobra sabes que quiero que sigas siendo mi equipaje principal para cargar en todos los viajes que haga en el mundo, para cualquier destino que decida visitar por un tiempo largo o corto…
Quiero que veas cómo renuncio al casamiento de adolescente y cómo, ya adulta, acabo en un altar… por supuesto, quiero que estés ahí para mi tercer divorcio, y para cuando tenga la crisis de los cuarenta y me ponga menopáusica, cuando me convierta en una sesentona que quiere aparentar ser joven pero no puede, o cuando decida ser la madre más vieja del planeta…
Me da igual con qué situación me encuentre, sólo quiero que estés ahí….
Porque, amigo mío,- y siento que tenga que ser una ocasión especial para volvértelo a decir- quiero que me quieras presente en todos y cada uno de los cumpleaños que te quedan por vivir.

No puedes imaginarte cuánto te quiero.


Laura.

miércoles, 14 de abril de 2010

Todo


El todo es todo.
Abarca la inmensidad y todo tipo de artefactos.
En él, se encuentra la más pequeña partícula o átomo.
En él, se encuentra la más grande de las penas.
Es el todo lo que nunca se abstiene de nada ni de nadie. Ahí nos encontramos metida la humanidad entera.
Ahí estamos todos,en pelotón como cerdos embarrados, como perros abandonados en la infinidad de la incertidumbre.
No sé quién soy y me conozco mejor que nadie.
No sé a dónde voy y, en cada momento, he dirigido por todo el mundo mis errantes pasos.
Desconozco todo completamente.
Sin embargo, sé quién quiero ser y adónde me apetece ir, y eso, amigos míos, eso es suficiente.

El todo es todo.
Abarca la inmensidad y abarca la infinitud.
Y, señores… ya no hay nada más.

martes, 30 de marzo de 2010

Adiós



Ya no habrá hasta luegos para ti nunca más.
Mañana todo será real y quizás te eche de menos, pero no puedo prometerte nada.
Y, aunque lo más seguro es que no te quería lo suficiente, sé que tampoco te mereces el adiós.
Recordaré tus chistes que me hacían reír de pequeña,
y recordaré la manera despótica que tenías de mirar a la gente.
Recordaré cómo me piropeabas cuando cumplí 15,
y cómo dejaste de preguntarme qué tal me iba con verdadero interés.
Recordaré que fuiste una de las razones principales por las que me vine a vivir aquí,
y recordaré que, al igual que todos, me mostraste la verdadera cara de mi familia.
¿Mentiras, avaricia, arrogancia?
Rencor, sobretodo rencor.
¿Qué he sentido al perderte?
Hoy, para sorpresa mía, no hay melodramas,
sólo carne sin bombeo vital,
hilos de sangre escapando de tu cuerpo
y llamadas constantes para preguntar por ti.
Pero ya no estás,
y tu billete no es de regreso.
Tú eras mi familia.
Luego, deseé que dejaras de serlo.
A continuación sentí conmiseración por ti,
hasta que tu parte más inhumana salió de su escondite.
Tal vez me equivoque diciendo esto último.
Después de todo, sólo buscabas un motivo- humano- por el que volver a aflorar.
¿Sexo, juventud, lujo?
¡Qué más me da!
Finalmente me acostumbré a tu ignorancia y aprendí a ignorarte.
No te estoy echando nada en cara,
al fin y al cabo tú también tines cosas que reprocharme:
No te llamaba el día de tu cumple
-más bien me importaba poco-
Te tildaba de misogino.
Critiqué tus necesidades.
Te grité que no me chillaras.
Hasta llegué a odiarte,
pero creo que fue porque no supe comprender tus razones.
Y ahora me queda el recuerdo eminente de tu ausente saludo
mientras lavabas el coche en casa de la abuela hace una semana.
Esa fue la última vez que te vi.
Creo que lo siento por todos los demás.
No será difícil olvidarte,
aunque, te soy sincera,
no tengo intención de ello.
Fuiste, y seguirás siendo, un elemento clave de mi vida.

martes, 23 de marzo de 2010

Quiero hablar francés.



Estoy lista para cualquier cosa.

Mis manos no han aprendido a hacer nudos marineros y tampoco son capaces de arreglar redes de pesca.
Mis brazos todavía no son válidos para sostener todo mi peso en una flexión, y mi peso no es capaz de soportar su número.
De igual forma, mis ojos no han aprendido a no ver esas cosas que invento; ni mis oídos a escucharme cuando me susurro entre las sábanas calentitas que es hora de levantarse.
Por la misma regla de tres, mis pies tampoco han aprendido nada nuevo, ni mis dedos, ni mi vientre, ni mis piernas, ni mi entrepierna.

Pero estoy lista para cualquier cosa: para tumbarme sobre el césped que hay enfrente de Palacio de Oriente las tardes que se presenten frescas, lista para soportar el calor madrileño, para probarme mis vestidos nuevos en la habitación o para jugar a que me desvisto con el vecino del hotel de al lado desde nuestras respectivas ventanas.
Y mientras algunas tailandesas aprenden a lanzar bolas de ping-pong a más de medio metro con la vagina, yo ando lista para cualquier cosa que se atreva -o no- a desafiarme.
A decir que no a las fiestas nocturnas que me propongas, sin tener que sentirme una aburrida después o incluso a declararme inocente si mato a alguien.

domingo, 14 de marzo de 2010

T


Con mucho limón, azúcar y muy calentito, así es como a Aurora y a Noemi les gusta el té.
Las tardes se pasan como muchas otras, entre risas, cotilleos, y teorías existenciales en alguna de las habitaciones de la residencia.
(Las noches ya son un tema a parte)
Mientras tanto, a sorbos grandes, dejamos los vasos vacíos; y uno detrás de otro, al final ya no quedan sobrecillos de té por ningún lado.
Ahora, que no tenemos teína, somos adictas a las tardes que bebemos las tragicomedias de nuestra vida.

martes, 9 de marzo de 2010

No soy ningún monigote


Esta es mi cabeza.
Sobre ella se balancea mi cabello- encrespado algunas veces- al son del viento; y sobre ella anda a menudo, atareada, una Laura que se obliga a sí misma a ser cuerda, pero sólo consigue, y ella bien lo sabe, andar colgada como muchas otras, en postes de madera con pintura desconchada.

Estas son mis cuerdas, y sólo las ato cuando me apetece.
De ellas cuelgan penas ahorcadas y nacen diversas risas que varían en función del momento, como si supieran de antemano cuál es la correcta en cada situación. A veces me hacen perder la voz, y otras muchas, la coherencia. A pesar de eso, las adoro, porque sé también que ellas me aman. Son mi único amor incondicionado.

Este es mi cuerpo.
Algunas veces lo vendo y otras lo regalo- al mundo, no a la gente-. Normalmente anda con paso envanecido, aunque, en días de tristeza, se encorva.
Sobre él se encuentran mis hombros, que detestan ser rudos; mi ombligo, que, por el contrario, le encanta ser el centro de atención, y también mis diminutos pechos que a nada temen.
Siempre podría pedir uno mejor, pero entonces, me privarían del vicio que tengo de quejarme.

Esta es mi mente.
Testaruda, orgullosa y dramática, me defiende incondicionalmente ante factores externos, como los gritos de un amigo enfadado, los llantos de reproche, las risas que se abalanzan a atacarme o las amenazas de cualquier ser estúpido que me encuentro por la vida. A veces sueña con jinetes perversos, y otras veces piensa en ti. Otras, simplemente se queda en blanco...

Siempre me pregunto de qué manera acaban las cosas y es por eso que a veces olvido que todavía existen.
Como muchas otras veces, hoy escribo sobre mí, porque sé que siempre me tendré vaya a donde vaya sin importarme el destino final.