A veces me pregunto dónde estás.
Aunque estés.
Al lado.
Compartiendo mesa,
escuchándote cantar.
A veces me pregunto dónde estás.
No te veo,
no te siento,
y creo no echarte de menos.
Luego lloro tu ausencia,
contigo incluso,
o sola,
y creo haber perdido todo.
porque dije que serías para toda la vida,
pero no te encuentro.
luego, surges de la nada,
con tu promesa,
para recordarme que nunca te has ido.
No te escondas más.
domingo, 1 de abril de 2012
martes, 28 de febrero de 2012
No todo se va con lejía.
No llueven piedras
por la mañana. No llueven piedras. Hecatombe nuclear cuando tu cuerpo estalla. Hueles a babas secas
y a jaqueca merecida. Trombosis, cataclismo,
cuando tu carne estalla.
Sonrisa sazonada, agria
como tu fondo. Vacío. [ ] Habitado.
Ecografía sin fin alguno.
Ecografía sin fin alguno.
Nunca serás nada.
Muerte súbita. Disolución instantánea.
No tienes pasado.
Degusta las hormonas
industriales concentradas en envoltorios de plástico.Saben a poco, empachan
demasiado.
demasiado.
Entra sola, como
anoche, entra sola. La salida también es sin compañía.
No hace frío. Tirito. Estalla carne en mil
pedazos.
Entra sola, como anoche, entra sola. Ya está acostumbrada a no compartirse con nadie más.
Agüilla en la nariz,
aliento a café. En la boca.
Come algo, por Dios,
no prives a tu vientre; dale forma, haz que crezca. Mata tus ganas con
dosis de recelo. Haz que crezca, tu
vientre, dale forma.Y luego estrangula el
futuro,
sólo por si acaso.
sólo por si acaso.
Un rastro, de babas,
bobas
secas,
ha dejado su lengua.
.
Frota, frota. No todo se
va con lejía. Mátalo, ¡mátalo!
No hay esperanza
alguna cuando desengarzas el verde de tu garganta.
Estalla carne, de verdad,
no te miento. Estalla carne en mil
pedazos.
domingo, 26 de febrero de 2012
Intentos de. #4
DE ESPIRITUALIDAD Y HIPPISMO
** Canción con historia. Debería contarla en otro de "Intentos de."
Cuando cumplí los 14 decidí que en algún momento debía cambiar de actitud. Consideré
que la mejor época para hacerlo sería durante el verano.
Así fue.
Volví de Alemania con faldas verdes, blancas y rojas
hasta los pies, pulseras en los tobillos, trenzas en el pelo, camisetas con
mangas acampanadas y estampados de flores.
Me sentía bien
conmigo misma. Había dejado atrás el victimismo y me había calzado con buen
humor, paz y armonía. Take it easy,
decía, con ese acento inglés exagerado. Take
it easy, como lema siempre que algo me sacaba de quicio. Respiraba
profundamente, contaba hasta tres y sonreía. A veces incluso me ponía a
“meditar”: me sentaba en la cama, cruzaba las piernas, apoyaba los codos sobre
las rodillas y extendía las palmas de las manos hacía arriba, siempre poniendo
índice y pulgar en forma de O.
Mi habitación entera olía a incienso, creía colocarme
con él.
Hablaba abiertamente de sexo. Es natural, decía, son cosas
normales; pero yo todavía era virgen y no tenía ni idea de otros asuntos
que no fueran aquellos que los de explorarse a
una misma. Porque eres tú la que tiene que conocer tu cuerpo antes que nadie.
Y la gente al principio me miraba extrañada. Luego se acostumbraron a oírme
hablar sobre masturbación como si fuera una sexóloga experta.
Otras cosas que hacía:
Le contaba a la gente que, antes de empezar la
universidad, me embarcaría en algún viaje solidario a la India o a Brasil.
Bailaba bajo la lluvia cantando y dando vueltas sobre
mi propio eje mientras agarraba la falda por los volantes.
Escuchaba Manu Chao y Janis Joplin.
Me aficioné a comer hamburguesas vegetales, hechas de soja texturizada.
Me aficioné a comer hamburguesas vegetales, hechas de soja texturizada.
Pedí un shisha
para mi cumpleaños y fumaba tabaco con sabor a menta como una cosaca.
Me enamoré del sueco de mi clase que quería ser fotógrafo
y al que le gustaba el nujazz japonés**. (Yo también le gustaba.)
Comencé una novela sobre dragones, profecías y
personajes ambiguos, con el mejor título del mundo: “El dragón de los océanos
congelados”
14 años, ilusa y feliz.
Enamorada de la vida. Y del sueco, claro.
Cuando cumplí los 15 decidí que en algún momento debía
cambiar de actitud.
**Por aquel entonces, el sueco estaba muy
metido en la cultura japonesa. Nujabes era
su referente musical.
metido en la cultura japonesa. Nujabes era
su referente musical.
lunes, 20 de febrero de 2012
Intentos de. #3
Pásame la goma, reina, me dice y yo me asusto; está en la guantera, amor. Es meloso. Cuando habla parece cantar. Pásame también el peine verde, reina.
Qué pelo tan tieso. Qué pelo tan tieso se le queda. Goma. Gomina. Efecto mojado, hacia atrás. Se lo ha peinado con tanto esmero, que al pasarse una y otra vez el peine verde se le han formado pequeños bancales. Se mira al espejo retrovisor, se gusta. Se encanta.
Con el mismo esmero se perfuma. Se echa litros y litros de colonia cara, y lo dice, le encanta presumir. He pagado 200 euros por este frasco, cariño, dice, 200 euros, recalca y se echa más, por el cuello, el pecho, el pene. ¿El pene? Sí, me ha parecido ver cómo se ha entreabierto los calzones para perfumarse la polla. Cree que esta noche me va a follar, pero a mí él no me gusta.
Fuma. Me ofrece una calada. Hay humo por todo el coche. No es tabaco, se huele. No es tabaco. Esto me gusta mucho, reina, me relaja. A veces también me meto alguna rayita, pero no siempre, ¿eh? muy de vez en cuando. Tú eso nunca lo hagas, reina. Reina. Me imagino a la reina con la nariz empolvada y blanquecina, dándolo todo por un subidón.
Con una sonrisa, apaga el cigarrillo y anuncia que está listo. Vayamos a bailar, amor, pongamos en práctica todo lo que te he enseñado. Me fijo bien en su cara. Se perfila las cejas y se echa antiojeras.. Nunca para de sonreír. Tiene los dientes blancos y bien rectos, qué horror, pienso, el brillantito en el premolar supera la horterada de sus zapatos de punta con hebilla plateada.
Bajamos del coche. Cruzamos aceras. Llegamos al sitio. Viene conmigo, es mi novia. Y no pago entrada, ni perchero.
Viene conmigo, es mi novia. Le encanta decirlo, y me coge de la mano. Me pasea por todo el local diciendo esa falacia. Es para que me dejen tranquilo, hoy no quiero hablar con nadie. Pero es inevitable, las víboras se le acercan con las faldas subidas y las piernas abiertas. Llevan el rimel corrido. Viene conmigo, es mi novia. Mejor, así se une a nosotras, dinos, ¿te atreverías?
La cabeza me da vueltas, aunque estoy bailando muy bien. La bebida me quema la garganta. Le han puesto algo, seguro, le han puesto algo. Amor, reina, - qué asquerosamente meloso es- escucha la música, relaja los brazos, relaja las piernas y siéntelo más. No sé exactamente a qué se refiere. No logro sentir bien el ritmo de la canción, lo único que noto es su entrepierna bien pegada a mí. El pelo no es lo único tieso que tiene.
Quiero parar y no quiero parar. Pienso en cómo me ha quemado la bebida. Pienso en los giros que doy y en la sensualidad con la que nos movemos, con la que me hace moverme. Pienso en las víboras, en cómo mueven la cola, en cómo hacen sonar su cascabel. Quieren morder y se vuelven a acercar a nosotros con sus lenguas bífidas, serpenteando. Huelen a babas y a sexo. Creo que el rimel se les ha corrido con las lágrimas que lloran cuando se la meten hasta el fondo de la garganta.
Me voy a casa, le digo. No te vayas, reina, quédate un rato más. Pero su colonia cara es demasiado fuerte y su cinturón de Dolce y Gabana demasiado brillante. Me voy a casa. Qué fácil ha sido.Yo que esperaba una historia desalentadora y no un final sensato.
martes, 24 de enero de 2012
Soy una mujer hecha y torcida
20/02/2010
Gracias por haberte bebido tres cuartos de mi preciado y estupendo Ron Barceló Gran Añejo embarrilado en cuba de pino de roble (ojo al dato: ¡pino de roble!) que me regalaron en mi primera rueda de prensa en la que entrevisté a la polla más grande de España. Espero que por lo menos te lo hayas bebido a mi salud.
domingo, 22 de enero de 2012
Si tú me dices ven
Nunca tengo nada que
perder/ Nunca tengo sueño/ Nunca sé exactamente que decir/ Nunca soy de nadie/ Nunca salgo perdiendo/ Nunca me gustaste/
Nunca tengo nada que
perder/ Nunca consigo despegarme de la cama/ Nunca sé exactamente qué quieres decir/ Nunca nada es mío/ Nunca salgo ganando/ Nunca quise que me gustaras/
Cry, baby, cry./ Mira que siempre quise ser de a las que nunca nada le importa/ Si tú me dices ven, me quedo en el sitio./ Si yo te digo ven...
...Eso no sé porqué nunca pasa.
...Eso no sé porqué nunca pasa.
martes, 3 de enero de 2012
Llámame lo que quieras
Y me dejo hacer, aunque otras veces te haga. También dejo que vengas a mí con tu lengua mientras dices que me quieres comer toda, buscando entre las sábanas mi sexo mojado y húmedo.
Qué guarro, pienso, qué sucio, pero me excito tanto que dejo que me encuentres sedienta de ti.
Tu pelo canoso y tus labios secos es lo que más me gusta. Eso y tu lengua bífida, que no para de buscarme, desesperada.
Mírala, te dices, mira que niña tan rica, y pensarás en hacérmelo más de una vez. Pensarás en mí y en mis labios rojos y en mis braguitas de encaje. Pensarás en mis piernas y en mis manos cuando te tocan ahí abajo. Te reirás con mis ineptitudes de niña inexperta, sí, pero te pondrás tan cachondo cuando te muerda la oreja, que olvidarás que no supe a ciencia cierta si Billie Holiday era una mujer o un hombre; porque yo, aunque sea una niña, una niña y todo sexo, aunque me dobles la edad y las arrugas, y las experiencias en la vida, podrá tu instinto de hombre y vendrás a mí diciéndome de nuevo que me quieres aguardando en tu cama, con las piernas abiertas, con las piernas abiertas y tan puta, mientras me muerdo el labio inferior y me estrujo con pretensión y diligencia los pechos.
Llámame lo que quieras, pero sólo apriétame un poquito más.
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