lunes, 29 de diciembre de 2008

Well, come on, let's go!








Mexico - Laura Marling
Esta historia trata de una navidad. De sus villancicos, turrones, luces y Papá Noeles colgando de las terrazas de las casas de la gente. Del amor, de los sueños, sonrisas carcajadas, nostalgias y esperanzas de un nuevo porvenir.
También trata sobre una escapada en familia hacia un país no muy remoto- pero sí algo lejos; de la emoción de mi hermano pequeño abriendo los regalos debajo del árbol, de la ingente cantidad de deliciosos platos en un bufete, de mis padres besándose bajo una carpa situada en un jardín verde lleno de velas y bajo la luz de la luna, de mi otro hermano contando chistes malos que me hacen reír hasta dolerme la barriga.
Esta historia trata de mí, de cómo mis malas expectativas desvanecieron y los hechos fueron maravillosos, de mis ganas de llorar porque siento que una vez, en mucho tiempo, todo marcha sobre ruedas. Y es que soy una sentimental de cuidado, lo sé.
Esta historia sólo habla de menos de 24 horas en Venezuela, de tres hermanos filmando tonterías y chorradas con una cámara barata del Carrefour, de una mañana soleada, de un 25 de diciembre lleno de chapuzones en una piscina de un hotel genial, y de la poca importancia de ese hotel si no fuera porque estoy acompañada de mi familia. De los mejores momentos de un año algo frustrante- y sólo porque a mi me apetece que sea frustrante, porque ha sido un año buenísimo, de principio a fin. Del traje de luces de zara, de la camisa de mi hermano Yago que le quedaba genial, de esas expresiones como: ‘Hola caracanos’, de tres montados en una moto de policía, de colinas verdes llenas de casitas coloridas en medio de una caótica ciudad, de ocho horas de vuelo- ida y vuelta- y de unas ganas de llegar a casa para esperar una llamada de alguien a quien no veo desde hace años. Del recuerdo de la lluvia tras la ventana en medio de un día seco de junio.
Esto no es más que la historia de algunas azafatas algo bordes y otras tantas sonrientes, de dos días estresantes y llenos de adrenalina, de maíz, y cosas extrañas para comer recubiertas en hojas de bananas, de corrupción y peligro, de víctimas, de ‘españolitas frescas’ para los delincuentes. De mi ‘yo’ enfadada porque pienso que esto último no es verdad, de mi padre llamándome valiente, pero sin creerse del todo que sería capaz de atreverme a salir yo sola a la ciudad.
Esta historia trata de envidia porque los hijos del comandante van automáticamente en clase Business, y de un vuelo con retraso de casi hora y media. Esta historia- y vaya historia- trata de la reminiscencia de un polvo pendiente- seguramente en un coche y a lo cutre- y de las dudas de si se realizará a mi vuelta. Del recuerdo de la pasión, del frío, de una niebla espesa, de dos corazones- o al menos uno sí- palpitantes porque surcan cuerpos conocidos como si nunca antes se hubieran sorprendido desnudos.
Pero no, esta historia trata sobre una chica que intenta narrarla y se va por las ramas. De un final irrelevante, simplemente porque aún no ha acabado. De la corazonada de que siga su curso tal y como está, de la esperanza de que tenga un final de vivir feliz y comer perdiz- aunque no por mucho tiempo, si no la vida no tendría sentido.
De un ‘hola’, un ‘nos vemos mañana’, un ‘adiós’ y una mueca de la otra persona porque prefiere siempre un ‘hasta luego’
Laura Martínez

domingo, 28 de diciembre de 2008

La Noche (fin)


Toxic (3) - Yael Naim

Toda conversación cesó cuando Él lentamente se acercó a ella. La iba a besar. Se veía venir incluso antes de que Él se acercara. De nuevo, la muchacha sintió su corazón palpitante, sus piernas le flaquearon y su cuerpo comenzó a tiritar; siempre le pasaba aquello si se ponía nerviosa, y lo detestaba.
Ya está, casi, falta poco… se rozan levemente y… ya cayeron en el beso.


-¿Adónde vamos ahora?- preguntó Él mientras le abría la puerta del coche.
-Sorpréndeme- dijo con un arrebato la muchacha.
Él la miró y quedó pensando por unos instantes a qué lugar la podría llevar, y después, asintió con la cabeza. Tenía en mente acercarla a un lugar bonito, solitario y esperanzador- esto último para Él.
En un par de intentos, se confundió de camino y tuvo que dar media vuelta para encontrar el desvío.
-Oye, que te lo había dicho medio en broma, hombre…
Él la miró.
-Deja que me lo gane, Lauri.
Y cómo detestaba aquel diminutivo de su nombre, le hacía sentirse muy poca mujer, una niñita inocente de todavía ocho años, pero, sin saber porqué, oírlo de sus labios era completamente diferente.
El coche seguía su marcha, y la noche, fuera, era fresca y mojada. La humedad empañaba las ventanillas y cada vez la niebla que se formaba en la carretera era más espesa.
El auto comenzó a ir más despacio porque apenas se podía ver nada.
-¿A Dónde me llevas?- preguntó la muchacha curiosa.
Pero al ver cómo Él giraba el volante hacia el desvío hacia un Parque Natural, no necesitaba la respuesta- ni tampoco la obtuvo.
Ya no había más carretera, sino un caminillo estrecho y pedregoso que hacía tambalear el auto. La niebla de fuera impedía ver todo lo de los alrededores y el paisaje se camuflaba entre ella.
La muchacha miraba por la ventanilla para ver si podía contemplar algo afuera, pero nada, ni siquiera la Luna, que hasta hacía unos momentos brillaba redonda en el cielo. Todo había desaparecido. Sólo quedaba el coche, las piedras del suelo, ella y Él.
De repente paró el coche.
-¿Qué sucede?
-No hay más camino. Bajemos aquí.
Ella obedeció. Con aquel abrigo gris, y esos zapatos arreglados, se internó en la blanca y fría niebla. Notó de repente que algo le agarró de la cintura.
-Vayamos a dar un paseo por aquí.
Él había señalado un sendero diminuto y estrecho que se encontraba a la derecha. Ella asintió, pero algo le decía que por allí no debían internarse.
Él la miró y sonrió.
-¿Tienes miedo?
Ella negó con la cabeza, y entonces Él volvió a sonreír.
El sendero era demasiado estrecho para ir los dos uno al lado del otro, por lo que Él, se puso a sus espaldas mientras le ponía una mano en el hombro. Aquello reconfortó a la muchacha, porque, aunque no lo hubiera confesado, estaba muerta de miedo y tampoco sabía muy bien porqué.
El caminillo se veía marcado por un pasamano de madera que tenía a los lados para cuando- de día, sin niebla y con Sol- los visitantes pudieran contemplar la flora y fauna del lugar sin salirse de aquel sendero.
Anduvieron y anduvieron sin ver absolutamente nada, hasta que ella se giró y le confesó que tenía miedo.
-Pero, ¿por qué?
-Bueno, veo demasiadas películas de miedo y esta niebla es espeluznante…
Él rió.
-Ahora mismo nos sale aquí un loco con una motosierra, ¿Imaginas?
-Calla, calla…- se estremeció la chica- o una niña-fantasma de tez blanca y con un camisón blanco salpicado de sangre.
Él volvió a reír. Parecía que era lo único que sabía hacer.
-¿Te divierte lo que digo? Porque a mi no, nunca sabes lo que puede haber más allá.
Él dejo de andar y a ella la giró para poderle mirar a la cara.
-Deberías temer más a los vivos que a los muertos, Laura.
Estaban muy cerca el uno del otro. Ella contemplaba sus ojos perversos y podía notar su aliento fresco.
-¿Insinúas que debo tenerte miedo?
Él asintió con la cabeza.
-Mucho.
De repente, él se abalanzó sobre ella y le atestó un puñado de besos que tenía guardados desde hacía mucho tiempo. Ella le recibió con ganas .Los primeros fueron suaves, caricias leves entre dos labios sedientos. Pero la pasión se fue desatando y entonces sintieron cómo aquella sed les volvía locos. Las lenguas buscaban agua, y se movían como locos intentando hallar aquel esperanzador manantial.
Repentinamente, Él la cogió en brazos y la apoyó sobre la barandilla de madera, entonces, se miraron. Sonrientes, ambos sabían lo que buscaban.
Ella le atrajo hacia sí con sus largas piernas y le envolvieron toda la cintura. Él le despojó de su abrigo, y ella de su sudadera. Se desnudaron con tanta fuerza, que las prendas podrían haberse hecho trizas. Se acariciaban, besaban, mordían. Nada se oía fuera, sólo la respiración agitada de los muchachos.
La noche y la niebla ya no parecían tan siniestras, sino que otorgaban una sensación abrumadora de erotismo.
Cuando se hallaron libres, la presión se apoderó de sus cuerpos. Los matorrales y cañaverales los observaban atónitos; la ropa herida y esparcida por el suelo imploraban piedad; la niebla, enardecida, les envolvió y los impregnó de humedad; y la luna, incluso sin estar presente en el oscuro cielo, se estremeció ante aquellos gritos que viajaban por el espacio en busca del placer.
No había nada que los pudiera parar. La locura había escapado y los sentidos, que habían despertado, volverían a coger el sueño, pero para entonces, aún quedaba mucho tiempo.

Laura Martínez

sábado, 27 de diciembre de 2008

En el bar (5)

Todo fue muy rápido. Ella se había girado para dirigirse con su amigo a la planta de arriba, cuando notó que se había chocado con alguien que tenía enfrente de ella y había tirado las bolsas que el desconocido llevaba en la mano.
-Lo siento… lo siento, disculpe, de verdad, deje que le ayude…
Silencio.

-¿Laura?(...)

Las nueve. Acababan de tocar al timbre, ¿Lo lleva todo? Corriendo fue a mirar su bolso: llaves, dinero y móvil. Bastaba. Se miró en el espejo antes de bajar las escaleras de su casa por enésima vez. Sí, iba bien.
Bajó a prisa por las escaleras mientras se ponía el vestido derecho y el abrigo gris. Después se observó de nuevo en aquellos espejos de la entrada y se dio el visto bueno, aunque pensaba que iba demasiado arreglada y quizás algo provocativa, ya que el vestido, aunque diferente al que llevó a la tetería, era corto y se ceñía completamente a su cuerpo. Le hacía unas piernas más largas que las que tenía, y para su gusto, enseñaba demasiado. Pero ya llegaba tarde. Salió a la calle.
Allí estaba Él, esperando en el coche. No parecía tener muy buen humor porque fruncía las cejas, como si estuviera cabreado, pero al percatarse del sonido de las bailarinas de Laura, cambió de expresión y sonrió.
-Pero que guapa vas.- atestó casi con resquemor- y yo que he venido aquí en sudadera…

Mucha gente cree poco en el destino. El destino se lo forja uno sólo, no está escrito en ningún lado.
Lo que había pasado en el centro comercial no fue casualidad. Fue destino, por mucho que la gente hubiera pensado que era una tontería, L, lo creía así. Después de poner cara de tonta, seguramente, porque no sabía qué decirle al haberse tropezado con Él y haberle tirado todas las bolsas de la compra, éste le invitó a tomar algo, y allí, quedaron para una cita al día siguiente. Todo fue muy rápido y confuso, y sin pensárselo más de dos veces,- casi automáticamente- ella aceptó. Y allí se encontraba ahora mismo.
La cita resultó ser muy informal. Él la llevó a tomar algo a un pueblo de al lado, y ella, sintiéndose estúpida por haberse arreglado tanto, pegaba sorbos a aquel botellín de agua que se había pedido.
-Pero bueno, hacía tiempo que no nos veíamos, ¿eh?
-¿Cómo? Aaa , sí, sí… mucho…- la muchacha vacilaba siempre al hablar.
Poco a poco fue tomando soltura. Comenzaron a hablar sobre aquella serie de televisión nueva que había estrenado Antena tres.
-Es un bodrio, no sé cómo pueden actuar tan mal, por favor. Seguramente se han gastado más en publicidad que en hacer la propia serie…
Él siempre le daba la razón.
-Sí, yo tuve que apagarla nada más comenzar a verla…
Y cantaban la canción burlándose de ella.
-Bueno, ¿Y qué me dices del nuevo anuncio de ministerio de sanidad, ese de ‘hazlo con Condón hazlo con coco’? Me da vergüenza ajena nada más verlo… y oírlo, por favor… ¿De verdad le puede gustar eso a alguien?
El negaba con cabeza y se encogía de hombros
-Tengo entendido que Nach lo ha denunciado.
-Coño, normal. Como leí en un artículo de opinión el otro día, ¿es que el Estado no puede crear sus propias boñigas que tienen que plagiar el de ese rapero? Y bueno, ¿qué me dices de lo del ‘koko’ con k? Venga, que luego llega selectividad y por no sé cuántas pocas faltas de ortografía ya me suspenden… Así andamos en España…
Conversaciones como éstas que, aunque no venían a cuento ninguno en aquella cita algo extraña, hacía que la velada resultase incluso divertida.
Toda conversación cesó cuando Él lentamente se acercó a ella. La iba a besar. Se veía venir incluso antes de que Él se acercara. De nuevo, la muchacha sintió su corazón palpitante, sus piernas le flaquearon y su cuerpo comenzó a tiritar; siempre le pasaba aquello si se ponía nerviosa, y lo detestaba.
'Ya está, casi, falta poco… se rozan levemente y… ya cayeron en el beso.' (...)
Laura Martínez

Sorpresa, sorpresa (4)

Pero para entonces, pasados unos cuantos escaparates más, su amigo observaba petrificado a un chico alto, rubio y con unos vaqueros rotos. Sólo podía ser una persona. (...)
-L, mira.
La muchacha giró la cabeza para observar lo que su amigo le había señalado.
Su corazón comenzó a palpitarle rápidamente, y, además, tuvo la sensación de que se le había subido casi hasta la garganta. Tragó saliva.
-Te dije que tenía una corazonada.- le dijo a su amigo sin dejar de mirar a Él.
-Bah, L, tus corazonadas nunca se cumplen… Por eso no te hice mucho caso. Será cosa de brujería.
-No me habrás echado un mal de ojo, ¿Verdad?… Sabes que no creo en estas cosas, pero contigo soy algo escéptica.
Ambos rieron, y es que para ella, su amigo tenía como un sexto sentido. Todo ese rollo de los males de ojo, y de adivinar el futuro comenzó con una broma hacía un par de años. Ellos iban al instituto y acababan de tener un examen de historia. Él, en broma, dijo: “Mi mente ve que vas a sacar un 6’3, L” “Ala, que poco, ¿No ve que se acerca al siete?” Pero, efectivamente, cuando el profesor iba entregando los exámenes con sus respectivas notas, L había sacado exactamente lo que su amigo había predijo. A partir de ahí, adivinaba casi todas las notas, y, además, en varias situaciones de dudas que la muchacha tenía, había recurrido a él para que le dijera qué debía hacer en función del futuro que él veía- casi siempre medio en broma- y, milagrosamente, su amigo daba en el clavo.

-¿Lo vas a saludar?- le preguntó.
-No. No me apetece fingir esa sonrisa falsa y contarle que todo me va bien con cara de estúpida…
Su amigo se encogió de hombros. Le siguieron con la mirada un rato más, y lo vieron dirigirse hacia la salida.
-Se va,- dijo S- no debes temer…
Y volvieron a reír.
Estar con su amigo era genial, fantástico. Siempre le ayudaba en momentos críticos- y no tan críticos- y se lo pasaba genial porque era el único que le hacía reír en todo momento. ‘Único’ pensaba la muchacha.
Siguieron paseando y se adentraron a varias tiendas más, pero pararon en una zapatería que a L le encantaba.
-¡Pero mira que zapatos…!- exclamaba la muchacha- son perfectos …
-Pero Virgen, ¡si son horrorosos!
Eso sí, los gustos de ambos eran completamente diferentes.
-Bueno, va, ya vendré con más tranquilidad yo sola. ¿Nos vamos a ver tus Vans a la zapatería de arriba?
Su amigo asintió con la cabeza.
Todo fue muy rápido. Ella se había girado para dirigirse con su amigo a la planta de arriba, cuando notó que se había chocado con alguien que tenía enfrente de ella y había tirado las bolsas que el desconocido llevaba en la mano.
-Lo siento… lo siento, disculpe, de verdad, deje que le ayude…
Silencio.
-¿Laura? (...)

Sueño, realidad, y escaparates (3)

(...)‘Pi-pi-pi-pi-pi’ sonó y vibró su móvil. Un mensaje.
Sin saber porqué, se alteró al momento y pegó un brinco en el sitio. Algo le decía- una corazonada o un presentimiento- que era Él. El del sueño, el mismo, el del pasado y, quizás, el del futuro.
Tanto se lo creyó, que la desilusión fue enorme al comprobar que las expectativas no habían dado resultado: Era un par de llamadas perdidas que su mejor amigo, el de la otra noche en la tetería, había realizado. Suspiró riéndose entre dientes, y preguntándose a sí misma, cómo pudo pensar en algún momento que Él se iba a acordar de ella. Pero, ¿Es que a caso le importaba? ¿Y qué más daría? Simplemente había sido un sueño que no tenía ninguna significancia ni para el presente, futuro o cualquier escala el tiempo, ni para su propia resignación.
Suspiró y marcó en el móvil el número de su amigo.
-¿Sí?
- S, soy yo.
-Hola- respondió secamente.
-He visto las llamadas perdidas esta mañana, ¿querías algo en especial?
-Sí, es que había pensado que quizás te apetece ir al centro comercial. Acabo de ver anunciar las Vans que quería para estas navidades por la tele, y bueno, me preguntaba si me acompañabas a comprarlas. ¡Tengo unas ganas de tenerlas ya en casa…!
No era la primera vez que su amigo requería su presencia para comprarse ropa, aunque tampoco era algo habitual.
-Por supuesto que iré. Me apetece chamuscar un pelín la Visa.

Tras encontrarse en el punto indicado y saludarse como siempre, decidieron comenzar a ver los escaparates. Todos estaban decorados con adornos navideños y los colores más típicos de aquellas fiestas. La muchacha intentaba distraerse probándose prendas de su agrado, pero sus suspiros le delataron, y su amigo se percató de que algo le preocupaba.
-¿Qué sucede?- preguntó con seguridad al verla de aquella manera.
-¿Es que acaso no sabes cómo soy? Es una tontería…
-Bueno, así nos reiremos un rato- le sonrió.
Tras una breve pausa de segundos, la chica, sin pensárselo, le contó el sueño.
-No sé porque pienso tanto en Él ahora. ¿Es simplemente por el sueño o de verdad no lo había olvidado todavía?
Su amigo le atizó una mirada algo acusadora.
-Primero: nunca tuviste que olvidarlo porque no sentías nada especial por él, sólo atracción física. Si por un momento te paras a mirar vuestro pasado, no era nada más que follar. Segundo: ¿estás tonta? A ver si ahora por cada cosa que sueñes te vas a volver una obsesa… Pobre de mí…
Y fingió un desmayo bastante teatrero.
-No seas estúpido.- le dijo enfadada pero sin poder evitar reírse- Claro que sentía cosas por él, y no me refiero a atracción física sólo. Y no estoy obsesionada, por dios, que sólo te he contado que lo he vuelto a recordar, nada más.
Pero para entonces, pasados unos cuantos escaparates más, su amigo observaba petrificado a un chico alto, rubio y con unos vaqueros rotos, que sólo podía ser una persona. (...)

martes, 23 de diciembre de 2008

Claros y rotos (2)

(...)Y sin más remedio, Laura siguió dándole pequeños sorbos a aquel té pakistaní, mientras escuchaba a sus amigos hablar de un tema al que ni siquiera estaba prestando atención.
Una vez en casa, se puso el pijama, acarició a Peca, su gata, y todavía con el olor a menta, se acostó.
Lo que aquella noche soñó la desconcertó un poco. No fue bonito, ni feo, simplemente algo extraño. En su mente se vio con un personaje que una vez hubo en su vida: el chico de los pelos de oro y de los vaqueros claros y rotos. Más que soñar, volvió a recordar el pasado, sus momentos junto a él un verano casi igual de extraño que el sueño, sus encuentros confusos llenos de dudas y que desembocaban siempre en el mismo vicio.
En el sueño se acariciaban, se besaban, se mordían… y con cada paso que daba uno, descubría del otro, recovecos que siempre parecían inexplorados. Era como el juego de adultos, la fruta prohibida del árbol descubierta una y otra vez, como si nunca antes lo hubieran hecho. Lo raro, era que cada quince minutos se volvían a distanciar, así una y otra vez y el tiempo pasaba y era el mismo juego de siempre.
Se despertó sobresaltada y algo aturdida. ¿A qué había venido aquello? Hacía mucho tiempo que nos sabía de él y que no pensaba en él. Todo había terminado, había muerto, ¿por qué resurgió de la nada su recuerdo? Su gata andaba por allí maullando.
-¿Qué me pasa, Peca?- le preguntaba mientras su cabeza le martilleaba. Y ya no sólo por el sueño, últimamente se había obsesionado en estar acompañada.
Suspiraba muchas veces seguidas durante el día, mientras pensaba que su vida daría un giro y que saldría de aquella normalidad que se había convertido en monotonía.
Al día siguiente, se levantó con dolor de cabeza. Se preparó un café bien calentito y espumoso y se sentó en el balcón- acristalado, si no el frío del invierno la congelaría- a contemplar el parque solitario. Las hojas de los árboles que el parque tenía, ya habían caído todas durante el otoño, y se habían acumulado en las aceras, formando riadas doradas que parecían mover sus aguas de verdad. De repente, un ruido le sobresaltó.
‘Pi-pi-pi-pi-pi’ sonó y vibró su móvil. Un mensaje. (...)
Laura Martínez

domingo, 21 de diciembre de 2008

Negro y corto








On & On (1997) - Erykah Badu


La espesa humareda actuaba como una cortinilla entre aquellas seis personas. La muchacha de los vaqueros rotos reía al son de los otros cinco, cuyas carcajadas eran estruendosas y alborotaban la tranquilidad del lugar, que, hasta ahora, estaba ocupado solamente por ellos.
Jugaban además a ser ‘abejitas y flores’; un juego algo particular y divertido que los entretenía a medida que el tiempo pasaba.
El local era muy acogedor, a la chica del vestido negro- y algo corto, muy corto; tanto, que su padre le había regañado antes de salir- le encantaba: sus paredes eran rojas y se encontraban decoradas de miles de pañuelos de colores. El suelo estaba cubierto con millones de alfombras, las mesas eran pequeñas y muy bajas, y los asientos no eran más que pufs y ‘sofás’ bajos de goma espuma. Las lámparas caían del techo con poca luz, y el olor a incienso de canela no era más que un estimulante más para el buen ambiente.
La chica del pelo corto tomaba té de jazmín, y el único chico entre aquellas seis personas seguía riendo mientras conversaba con la muchacha de la cara de porcelana, lisa, suave y con unas mejillas rosadas.
Mientras la música soul sonaba, la joven de la coleta y del collar de plumas y la muchacha del vestido negro- corto-, fumaban de la shisha e inhalaban ese humo con sabor a menta.
-¿Queréis un poco?
Pero el resto negaba con la cabeza.
Después de un par de tes más, el local iba llenándose de gente. Primero una pareja, que, algo apasionada, se besaban enfrente de los seis amigos. Luego entraron dos hombres con una mujer que vestía algo parecido a lo que es una prostituta- de hecho los seis jóvenes no hubieran dudado de que fuera una- y se sentaron en un rincón apartado para poder meterle mano con más intimidad.
Pero fue cuando dos amigos llegaron al local, cuando la del vestido negro comenzó a sonreír con picardía mientras los miraba de arriba abajo, dedicando su observación al atractivo de aquello dos chicos.
-Desconecta ya el radar y únete a nosotros- le dijo su amigo atestándole un codazo- Que te veo venir y no me gustaría nada saber qué es lo que piensas.
Lo cierto era que la del vestido negro- ya no añado lo de corto- no tenía ganas de hablar, quería acción, pero sin hacer estupideces desvió sus pensamientos, apartó los ojos de los dos chicos, y se unió a la conversación que los otros cinco mantenían.
-¡Ah, mira!, el radar ya está desconectado. Ahora podemos seguir hablando con Laura.
Y sin más remedio, Laura siguió dándole pequeños sorbos a aquel té pakistaní, mientras escuchaba a sus amigos hablar de un tema al que ni siquiera estaba prestando atención.

Laura Martínez

viernes, 19 de diciembre de 2008

¡17!





Aint No Mountain High Enough - Marvin Gaye & Tammi Terrell

Nada más sonar el despertador, he visto un mensaje de Andrea, entonces ha sido cuando me he acordado- a pesar de que ayer estuve recordando todo el día que hoy era mi día- de que cumplo 17.
17… y que largo suena ya! xD
Después de haber leído el sms que me mandó a las 12’30 de la noche y alegrarme porque se había acordado de mí. Me vestí contenta, desayuné, terminé de arreglarme y entonces Cristy vino a por mí. Nada más abrirle la puerta, el flash de su cámara me dejo tuerta. (es que es la fotógrafa del grupo, tendríais que ver sus fotos, son muy buenas).
-Felicidades Lau!
Dijo mientras me abrazaba y me achuchaba. Le di las gracias con mucho entusiasmo, pero espero que no publique la foto esa, ya que, con la cara de zombie recién levantada y el flash en los ojos, la foto tiene que ser de risa. Después me preguntó qué se siente al tener 17 ¬¬ y yo sé que ella lo dijo para darme envidia ya que va a cumplir los 18 en enero ¬¬ xD
Una vez en la parada del bus me encuentro con Andreita en persona y también se abalanzó y me dio un apretón que me sentó muy bien. Subiendo al bus, y con un frío de pelar, Seki me atestó sentado un ‘felicidades’ y María me dio dos besos y también se cagó en mí ya que la alarma le sonó a las seis de la mañana para recordarle que hoy era mi cumpleaños.
Una vez en el insti, antes de tocar la sirena, nos metimos en la cantina para resguardarnos del frío. El ‘felicidades’ seco de Eze se recompensó después del par de besos que me dio- lo comprenderíais al saber que Seki DETESTA abrazar y dar besos a la gente. Luego yo le abracé y el me acusó de quererle violar xD.
Víctor del Pino y Dani, el novio de Cristy, también me felicitaron.
Al tocar la campana, Seki y yo decidimos no entrar a mates y esperar a que Paula viniera para dar una vuelta por Almoradí. Allá que llega Pau y nos encaminamos a dar un paseillo mientras hablamos de temas com ‘que frío hace, puta’ y cantábamos canciones como: ‘quisiera ser tan guarra como la Paula ey, ey’ Después nos hemos apalancado en un parque y ha pasado un viejo verde tosiendo. Cuando nos vio, el muy guarro comenzó a decir:
-Ahé, Ahé pero como están ahé ahé estas dos de aquí.
Una vez, dos veces, tres y hasta cuatro veces yendo y viniendo y diciéndonos entre tos y tos* cómo estábamos Paula y yo.
Una vez cansados, Seki sugirió hacernos sesión de fotos. A esto que cojo la cámara, pero no tenía batería así que fuimos a uno de los pocos chinos que hay en Almoradí –irónico- y compramos un par de pilas.
Decidimos hacernos las fotos mientras íbamos caminando hacia el instituto, ya que teníamos que recoger las notas. Dio la casualidad de que nos volvimos a encontrar con el viejo verde, y nos volvió a decir:
-ahé, ahé pero qué buenas que ahé ahé, estáis.
Y luego añadió:
-La de vaqueros- Paula- para mí; y la de las faldas- yo- pal Jesús. Os doy 50 euros por medio hora.
Tan penoso nos pareció ese personaje que lloramos de la risa. xD y pensar que a mis 17 años sólo ligo con viejos verdes!
Jajajaja
Después hemos estado haciéndonos fotos, en un escaparate con decorado navideño, con un montón de coches que a Pau le gustaban… y además, me han cantado el cumpleaños feliz y les he grabado (video abajo) eso sí, un poco sosos… :-) :-P
Después hemos llegado otra vez al insti y hemos recogido las notas. (buenas, aunque no destacables) y Cristina ha publicado en voz alta que era mi cumple.
-Hoy es el cumple de Lau, hoy es el cumple de Lau!
Si vierais la vergüenza… luego se me ha pasado cuando fuera me han cantado otra vez el cumple feliz- en inglés- y me he puesto a bailar a lo Marilyn (qué penosa que soy xD)
Melanie no paraba de picarme con sus comentarios ingeniosos, a José s ele olvidó felicitarme, aunque luego cayó en la cuenta- no problem ;-)
En fin, un día muy chulo
(A, gracias José Ginés también por felicitarme)

Llegando a casa, papá me ha visto por la ventana y me ha sonreído. Una vez dentro me ha apretado un achuchón que casi me quedo sin respiración- tanto él como mamá-
Ella hizo un pastel riquísimo: un brazo gitano de chocolate, y que casi me he comido la mitad xD. Y además me ha hecho una lasaña riquísima para comer.
Luego me han llamado a su habitación y me han dado el regalo.
Al principio pensé que era una colonia- que las detesto- ypeor leugo me di cuenta que no, que eran…. (redoble de tambor) MIS MAGNÍFICAS GAFAS DE SOL DE PATILLAS DE APSTA ROJA LAS MISMAS (sn que lleve las patas rojas) QUE LLEVA MI QUERIDÍSIMO ROBERT PATT…(suspiro)
Estas gafas las vi por 1ª vez en Italia mientras paseaba por Pisa y me enamoré de ellas…. No penséis que me gustan porque se la he visto a un famoso
En fin, ha sido un día genial., porque adema´s, luego me he metido en el fotolog de seki, ya que me advirtió de una sorpresilla y, mientras leía su actualización se me caían un par de lagrimillas. La foto que puso de lo mejor (es la de arriba) En fin, muchas gracias. Además, Inés también ha actualizado conmigo, y me ha sorprendido - Inés es una chica que conocí en el crucero de este verano y que me llevo muy bien con ella, me invitó antes de empezar al insti a su casa y allí conocí a muchos de sus amigos, entre ellas Laia, quien me ha enviado un sms para felicitarme (k)
En fin, que no puedo estar más contenta. Mañana supongo que lo celebraré ya que Belén hoy no puede a y, claro ella también me ha mandado un sms porque no me ha visto esta mañana, y además, ayer vino a verme tocar el piano en las audiciones de navidad.- graciasssssssssssssssssssssssssssss-
Todo esto, y un año más, hasta el próximo 19 de diciembre






video

martes, 16 de diciembre de 2008

Little Ashes


Con esto de que no me sale escribir nada profundo- no sé si es que estoy saturada, o simplemente me he vuelto tonta, que es lo más probable- Pondré un f0t0 de mi queridísimo Robert Pattinson, del cual me he enamorado incondicionalmente (eso quiere decir que me he convertido en una carpetera más a los casi 17 años- recuerdo que el 19 de este mes es mi cumple, ejem, ejem xD)
Este año Rob Patt está que se sale con eso de interpretar el papel de Edward (me meto los dedos a la boca- lo siento Cris-) y ha hecho unas cuantas pelis más. Entre ellas está la de Little Ashes, que trata de la vida de García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí. Este último personaje es el que él interpreta. He estado buscando la película por todos los lados, pero no he encontrado nada.
El romance de García Lorca con Salvador Dalí creo que en la película parece una bonita historia de amor, y sin duda el trailer me gusta mucho; eso sí, el acento inglés de algunos actores es muy... ¿Español xD?
En fin, no soy muy buena crítica del mundo del cine, por lo tanto no lo tengáis muy en cuenta.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Maldito examen... ¬¬


Tras un susto tremendo mientras el profesor de filosofía vocalizaba un enorme DOS en su boca y decir que esa era la nota de Laura Martínez, y yo volverle a preguntar ¿Laura Martínez? ¿Seguro que Laura Martínez? y él, volver a asentir diciendo que no, que no se había equivocado y mientras se me formaba una enorme bola en la garganta por la impotencia de haber estado estudiando una semana la maldita filosofía presocrática, el mundo inteligible, sensible y mundos paralelos que ni siquiera sé que existen, todo se quedó en una gran EQUIVOCACIÓN.
Fuimos al departamento de filosofía y NO era un DOS, sino un6'5 :-D (que aún así es poca nota, pero no me pudo quejar)
En fin, ahora sí: VIVA PLATÓN.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Tú, Platón y las sombras.


Nunca me paré a pensar qué sentido tiene todo- si es que tiene alguno. Tu triste sombra me persigue y acorrala, y sólo por momentos me deja respirar. Está en todas partes. En el espejo cuando me miro por las mañanas, por los largos pasillos del instituto, escondidas detrás de cualquier sonrisa, y nadando en la sopa de la cena. No es nada personal… ¿Qué digo? Es todo personal. Yo, yo, yo y luego más yo. Y, bueno, eso sí, en esa pequeña parte de mi egoísmo entras tú un poco. Tus ojos fríos me observan desde lejos, tu aliento me persigue, y cuando esbozas esa sonrisa maliciosa que conspira contra mí, vuelvo a derretirme en la solanera de estos campos secos . El ‘dónde estás’ no lo sé, el ‘cuándo te encontraré’ tampoco, y esta estupidez de intentar evadirme, no para de atormentarme. Pero será mejor que deje de escribir tonterías como estás de imaginarte constantemente, porque no soy ninguna chica desgraciada que dependa de ti y porque mi gran amigo Platón y su enorme espalda me esperan para hablarme sobre el mundo de las Ideas y esas verdades inapreciables, pero existentes, como tú. Tendrá razón el hombre, quizás seas un axioma matemático, una suposición al fin y al cabo… ‘¿Pero qué coj…?’

En fin, nos vemos.
Hasta el suspenso de filosofía.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Los mismos más Raúl, Germán y Manolete

(...)
-Tíos, ya era hora. ¿Qué habéis estado haciendo? Llegáis tarde.
Raúl era su amigo de toda la vida. Tenía dieciocho años largos, como él, y habían ido a la escuela juntos desde primaria, hasta que Alberto decidió finalizar sus estudios. Eran como uña y carne. Sabían gastar y soportar bromas y se reían la mayor parte del tiempo, pero sabían estar serios cuando el momento lo precisaba. Raúl era alto, de pelo castaño claro, con ojos verdes. Su cuerpo era fibroso, ya que le encantaba el atletismo, aunque no tenía un rostro del todo atractivo. Aún así seducía a las chicas de su edad por la forma de ser tan picarona que tenía.
-Seguro que se han retrasado porque han estado en la huerta- atestó Germán retorcidamente mientras le daba codazos a Alberto y miraba a Isabel, que esta sonrió avergonzada.
-No seas gilipollas.- resopló Alberto.- Me he quedado dormido, eso es todo.
Los dos amigos se rieron.
-Vale, vale, pero no te enfades- Raúl seguía con alguna que otra risotilla.- Eh, Isa ¿El perturbado este no te estará metiendo mano, verdad?
La expresión de Alberto agudizó su enfado.
-¿Y a que viene eso?- preguntó enfadado- Como digáis alguna estupidez más os la cargáis. Dejarla en paz.
-Sólo le intentaba proteger de tus garras.- dijo Raúl mientras se acercaba a ella y le acariciaba el pelo que llevaba estirado con una diadema.
-No, lo que tú quieres es que esté atrapada en las tuyas.- añadió Germán medio riendo.
Sin duda aquella no era el estilo de chica para Alberto. No era que les cayese mal, pero la muchacha se movía en otro tipo de ambientes que no era el de ellos y la diferencia era abismal. Isabel permanecía todo el rato al lado de Alberto y no decía palabra.
-Bueno, ¿Qué, nos ponemos en marcha?- preguntó Germán.
El resto asintió.
-Antes tenemos que pasar a comprar unos hielos.- explicó Raúl- A Manolete se le ha olvidado y antes, que he pasado por su casa a preguntar si le hacía falta algo, me ha mandado el recado.
Se pusieron en marcha para ir hasta la gasolinera que les pillaba de paso para comprar los hielos.
Alberto cogió del congelador cuatro bolsas.
-Coge más, tío.
-Pero Raúl, ¿Cuántos somos?
-Un puñado. Habrá gente que ni conozcamos.
- Entonces, ¿Cuántas?
Raúl se encogió de hombros.
-No sé… unas once, y cuando ya no quede, a beber caliente.
- Joder, pero es que ¿Cuánta bebida habéis comprado, cabrones?
El amigo rió.
-Ni te imaginas…
- No se os puede dejar solos. En cuanto me voy, armáis la de dios.
Cuando pagaron, cada uno cargó con varias bolsas de hielo y llegaron minutos después al garaje que Manuel tenía.
Hacían una fiesta para, supuestamente, celebrar la llegada de del verano. Aunque muchos de los que asistían no tenían vacaciones porque comenzaban a trabajar y ya no iban al instituto, se apuntaron sin pensárselo dos veces.
En la cochera todavía no había mucha gente. Aquel día estaba más ordenada que de costumbre, seguramente porque no quería que se rompiese ninguna herramienta que su padre usaba para la carpintería. Había tres destartalados sofás en el centro del garaje y en ellos se encontraban sentados dos tipos a los cuales no conocía. Les saludó con la cabeza y éstos levantaron el bote de cerveza que tenían en la mano a modo de saludo también. Sin duda iba a ser la mejor fiesta del año. Estaba preocupado por Isabel porque sentía que no la había llevado al sitio correcto, pero tampoco le suponía una preocupación descomunal, así que desvió esas ideas en cuanto vio a Manolo cargando con un tonel de cerveza. Tras ayudarle a dejarlo en el suelo, y saludarlo con unas palmaditas en la espalda le preguntaron qué debían preparar.
-Nada. El hielo dejarlo en el congelador ese de ahí de los helados. Son las siete y media. Hasta las nueve no vendrá casi nadie.- después miró a Alberto mientras sonreía casi maliciosamente y preguntó señalando a Isabel- Pero, Al, ¿Qué tenemos aquí?
Alberto la agarró como si se la fuesen a quitar.
-Es Isabel. Viene conmigo.
-De eso ya me he dado cuenta, casamenteras… Así que Isabel- dijo mientras se pasaba las manos por la barbilla- Un placer, encanto.
Ella sonrió de la misma forma que siempre.
-Pero, Alberto.- esta vez el amigo parecía más preocupado.- ¿Qué le dirás a Samanta?
De nuevo a Alerto le cambió el rostro, cogió fuertemente del brazo a Manolo y lo apartó a un lado de los demás. Mientras, Germán y Raúl intentaban mantener una conversación imposible con Isabel.
-¿Y a qué dedicas tu tiempo libre?- le preguntaban.
- A estudiar- decía ella mientras se alisaba la falda.
Alberto retorcía el brazo de Manuel
.-Ya te he dicho que no sabía que te ibas a traer a tu nueva novia.- se disculpaba el amigo.
- Pero, ¿cómo se te ocurre invitar a Samanta, qué pinta ella en esta juerga? Es mi ex, y ya está, no pinta nada en este entierro.
Alberto se veía muy cabreado y preocupado porque miraba por el rabillo del ojo a Isabel hablando con sus otros amigos.
-Tranquilízate, chico. Samanta ya lo ha superado. Además, está tremenda la tía…
-¿Y?
-Pues que había pensado que quizás…
Alberto negaba con la cabeza.
-A no, eso si que no.
-¿Y a ti que más te da? Ya no estáis juntos y tampoco te he dicho que quiera salir con ella… sólo un poquito de… ya sabes…
-No.- dijo rotundo el muchacho.- Cuando la vea cruzar tu garaje le hecho de aquí.
-Porque tú lo digas, majete. Este es MÍ garaje.- resaltó el ‘mí’ para que le quedara bien claro a Alberto
- Tío, pero ¿Cómo me haces esto? ¿Qué le cuento a Isabel cuando se de cuenta de que estuvimos juntos?
Manuel se encogió de hombros.
-Pues yo que sé… Le cuentas la verdad.
-No tío, no. Se tiene que ir (...)

Laura Martínez.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Alberto, Samanta, Isabel, Camiño el del barco y otras cosas



(...) Alberto soñaba con una chica, una playa y un bar. Ambos conversaban y reían, y, a pesar de ser el primer día que se conocían, sentían que eran amigos desde siempre. Las olas rompían fuertes sobre las rocas de la costa a medida que iba atardeciendo. Había pasado ya más de tres horas desde que le preguntó su nombre. ‘Samanta, me llamo Samanta’. Fue un tiempo que se le pasó rápido, y en el que se dedicó a estar sentado contemplando el mar con aquella desconocida. Su pelo corto se encontraba revuelto y seco por el efecto de la sal del mar, pero una vez que se lo hubiera lavado, tendría que tenerlo precioso, se dijo el muchacho.
Un par de chistes, unas cuantas mentirijillas acerca de su vida intentando que ésta pareciese más emocionante e interesante de lo normal, una cerveza encima de la mesa de plástico del bar, y la tarde ya había volado sin que ninguno de los dos se hubiera dado cuenta.
-Despierta...-dijo con delicadeza una voz que se coló en su sueño.
“¿Cómo dices?” le decía Alberto a la joven muchacha.
- Alberto, despierta.
Cuando éste entreabrió los ojos y vio la cara de su madre de frente, se asustó.
-Ja,ja,ja- reía ella-¿Qué, ahora te asustas de mí?
Todavía despejándose del sueño y frotándose los ojos, Alberto no contestaba. Miró a su alrededor: no había ni playa, ni cerveza ni chica. Se incorporó para levantarse de aquella gran siesta que se había permitido tomar mientras buscaba sus zapatos.
-Tienes visita abajo en la cocina, hijo.- le explicó su madre.
-¿Quién es?- preguntó curioso mientras se ponía los tenis.
-Isabel.
Al oír aquel nombre, recordó que había quedado con ella y unos amigos. Habían planeado una fiesta desde antes de que se hubiera ido el mes a trabajar al barco. Se apresuró a atarse los cordones, a ponerse el jersey que colgaba del armario y colocarse bien la chupa de cuero que tanto le gustaba.
-Tranquilo hijo, ¿Es que primero no vas a saludar a tu madre?- preguntó la mujer.- Llevo más de mes y medio sin verte…
El joven le abrazó, le besó y le atestó un ‘Hola Cati’
-Prefiero que me llames mamá- dijo ella riendo, pero Alberto ya había salido corriendo de la habitación para apresurarse a bajar a la cocina.
Y allí estaba ella, esperándolo, con sus faldas hasta las rodillas, de un color pálido y una camiseta básica blanca. Llevaba su larga melena castaña recogida hacia atrás en una diadema roja. Se veía guapa, pero por desgracia no tanto como Samanta.
Detrás e él, apareció su madre que también se había apresurado a bajar.
-Hola Isa.- saludó el muchacho que no se atrevió a tocarla ya que estaban delante sus padres vigilando qué iban a hacer.
-Hola, Al. ¿Qué tal por el mar?- preguntó con una ingente sonrisa.- ¿Habéis pescado mucho?
Alberto le contó de modo positivo su travesía, después le quiso ofrecer algo de beber, y ella negó con la cabeza, pero agradeciéndolo dijo:
-¿Qué tal si vamos ya?
- ¿Adónde vais, Alberto?- le preguntó su madre Cati antes de que él pudiera responder.
- Vamos a ver una película al cine, mamá.- le respondió Alberto.- Hoy estrenan Rambo, la segunda parte. Hemos quedado con Raúl y Germán en el cruce para ir hasta allí. Luego supongo que iremos a cenar algo al furancho de Camiño.
-¿Camiño, el del barco?- preguntó su padre.- Si le ves dile que tengo trabajo para él mañana por la tarde. Las redes no han quedado del todo bien y necesito ayuda para los nudos.
Alberto asintió y se despidió de sus padres con un ‘hasta luego’ y un ‘no me esperéis despiertos’
-¡Que lo paséis bien!- gritaba Cati desde la puerta.-Y tampoco llegues tan tarde
El joven muchacho refunfuñaba para sí porque aquella actitud curiosa de su madre lo detestaba. Sabía que al día siguiente por la mañana le preguntaría todo sobre la salida con Isabel.
-¿En que piensas?- le preguntó ella cuando iban camino abajo, cogiéndole de la mano
-En nada.- dijo él mientras la agarraba fuerte.
- ¿No vamos al cine, verdad?
-No, te lo dije, vamos al guateque que Manolo organiza en su cochera.- le dijo.- Pero si no quieres, podemos hacer otra cosa.
En realidad se arrepintió de haberle dicho aquello, porque a él realmente le apetecía ir a la fiesta.
Ella negó con la cabeza y sonrió.
-No, no. Me apetece ir.
Cuando llegaron al cruce, se encontraron con Raúl y Germán. Estaban esperando apoyados en la pared deonde se encontraba el reloj de la esquina.
-Tíos, ya era hora. ¿Qué habéis estado haciendo? Llegáis tarde (...)

Laura Martínez

lunes, 1 de diciembre de 2008

La Ritournelle

Querido ‘cosa medio inventada’:

Puedo inventar lo que no existe y fingir, durante un momento, que todo marcha bien. Puedo imaginar que mis manos no están secas y agrietadas por el leve frío del mediterráneo, y disimular con una sonrisa la tristeza del invierno. Puedo leer libros que me hagan llorar de felicidad o ver películas con un final más desastroso y desesperanzador que el mío. Puedo alisar estos rizos que cuelgan alborotados de mi cabeza, y ponerme una mini falda para que mis piernas parezcan aún más largas de lo que son, ponerme algo de relleno, maquillar este rostro adolescente y salir a la calle creyendo que así soy más guapa. Puedo postrarme enfrente del espejo y bailar hasta tumbarme exhausta y agotada en la cama, contemplando el techo infinito de mi cuarto y así cavilar una vez más sobre cuán gélidos son estos meses, y crear mi propio ‘Noviembre dulce’ para darle más sentido a la vida. También podría ir hasta la cocina, abrir el ‘armario de los placeres prohibidos’ y, sigilosamente, extraer una tableta de chocolate y devorarla con ansiedad mientras recuerdo nuestras noches estrelladas desde la 'cima del deseo' observando su ladera llena de pueblos iluminados que parecían luciérnagas sonriéndonos. También podría recurrir a observar fotos de otras épocas y dejar que los recuerdos buenos me invadan la mente y que éstos se apoderen de sus fronteras y murallas. Puedo dibujar en un papel el Sol de un verano y crear metáforas de princesas soñadoras, dar vida a los colores y creer ver volar la ‘vaga libélula’ de la que un día Neruda escribió, y estudiar la Physis de Aristóteles y preguntarme por enésima vez dónde estará el cambio del que tanto hablaba, y del que intenté experimentar también- no se si recordáis- Una vez yo y otra vez nada. Ausente mi cabeza volátil entre tres cuervos negros y cien mil lágrimas de sal. Puedo crear una ficción tras otra y sin embargo, evidenciar una realidad enfadada que llama enfurecida a la puerta.
¿Qué más quieres que te diga? ¿Acaso quieres que confiese algo que crees evidente? Puedo inventarme cuentos y escribir sobre un amor incondicional donde la historia acabe con beso, y crear también una novela donde se ausente la melancolía y la desgana. Puedo escribir en la lisa pared blanca una opción a elegir, y cerrar los ojos y marcharme en sueños a ese mundo tan mío. Puedo actuar a no ser yo durante el resto del tiempo, y responder a todas tus preguntas con un sí o un no, en función de lo que quieras escuchar.
No te estoy hablando de amor, no te estoy hablando de frustración, te estoy hablando de una cabeza loca colgando de un fino hilo transparente, de la mayor desesperación de la vida, de una canción alegre que me atormenta con su precioso piano, una vez, otra vez y hasta una vez más.
Puedo traer conmigo una libreta, un lápiz, e intentar narrar la más esperanzadora historia del mundo. Pero aún así, tan sólo lograría escribirte otra carta con palabras sin sentido.
Laura Martínez